Por Andrés Peralta Gómez*
En el corazón de nuestra provincia, hay un hombre que durante años ha sido la voz de los que no tienen voz. Pedro Rubén, comunicador de Corral Grande, es conocido por su estilo valiente y directo: denuncia lo que otros callan, entrevista a quienes necesitan ser escuchados y defiende incansablemente a su comunidad. Su forma de expresarse, con esa frase inconfundible que todos reconocemos, es parte de su identidad y de su manera de decir la verdad.
Pero hoy, quien siempre ha defendido a otros, necesita que lo defendamos a él.
Una situación que nos llama a reflexionar
Pedro Rubén es un anciano que vive con problemas de salud física y mental, incluyendo una dislocación y condiciones que requieren atención especializada. No hay indicios de que haya agredido a nadie. Sin embargo, tras una querella presentada por el Centro Educativo de su comunidad, fue apresado y hoy se encuentra bajo orden de la Fiscalía.
La comunidad, los comunicadores y quienes lo conocen preguntamos lo mismo: ¿Es el encierro la respuesta correcta para una persona en su condición?
Los juicios de salud que se han presentado señalan claramente los riesgos de mantenerlo en prisión. Su estado requiere atención médica, psiquiátrica y social que una cárcel no puede ofrecer. Lo que necesitamos no es castigo, sino humanidad:
Atención psiquiátrica y psicológica profesional
Acompañamiento de trabajadores sociales
Tratamiento médico adecuado
Un camino de rehabilitación, no de abandono
Su voz es necesaria
Pedro Rubén no es solo un ciudadano; es un miembro valioso de nuestra comunidad. Cuando pueda salir, rehabilitado y con el apoyo profesional que merece, podrá reintegrarse, seguir comunicando, seguir denunciando y seguir aportando a las soluciones que nuestra sociedad necesita. Su labor —a veces incómoda pero siempre necesaria— es la que muchos no se atreven a hacer.
Los colegas comunicadores, el sistema educativo y el pueblo de Dajabón estamos dispuestos a acompañarlo en su recuperación, para que esa voz no se apague, sino que siga resonando con más fuerza y claridad.
Por una justicia que también sana
Las cárceles deben servir para proteger a la sociedad, pero no para retener a quienes necesitan tratamiento médico y psicológico. Existen alternativas: medidas de salud, supervisión profesional, programas de reinserción. Justicia no significa perder la compasión. Justicia significa también entender, tratar y rehabilitar.
Pedro Rubén ha dedicado años a buscar el bien de su comunidad. Hoy es su comunidad la que debe decir: estamos aquí contigo, Pedro Rubén, porque tu voz vale, tu vida importa, y todos merecemos una oportunidad de sanar.
«Que su voz no se calle en una celda, sino que su salud se recupere en casa y entre nosotros, para que siga diciendo lo que muchos no se atreven a pronunciar».
* Andrés Peralta Gómez es productor agroecológico, trabajador social, ambientalista y presidente de Hagroeca Jungla Verde.

