Este colaborador da seguimiento al hecho de que los supermercados ganen terreno mientras los colmados pierden clientes
Es común escuchar en República Dominicana que “la cosa está mala”. Sin importar quién gobierne, cuando se le pregunta a la gente de a pie, casi siempre responde lo mismo, sin importar la jeepeta que maneje. Según los organismos internacionales, el país crece, pero el de a pie se pregunta: ¿pa’ dónde?
La respuesta puede encontrarse, en parte, en el cambio de los hábitos de consumo. Desde hace años, los dominicanos han aprendido que comprar en el colmado no siempre es negocio. Hoy vemos cadenas de supermercados por todas partes; incluso en muchos barrios ya hay más de uno.
La diferencia de precios ayuda a explicar este cambio. Tomemos dos productos de consumo cotidiano: el pan y el refresco.
En el colmado, un pan cuesta 10 pesos y, muchas veces, es de calidad cuestionable. En el supermercado, el mismo producto puede costar 5 pesos, además de ser más grande y de mejor calidad, según la doña que escogía su pan de agua calientico para el café.
Con el refresco ocurre algo parecido. Una botella de 1.25 litros cuesta alrededor de 65 pesos en el supermercado, mientras que en el colmado puede alcanzar los 150 pesos. Y no hace falta continuar con el desglose: el de a pie ya conoce las diferencias.
El resultado es evidente: los supermercados están llenos y los colmados, cada vez más vacíos. Sin embargo, muchos colmaderos se limitan a quejarse y a culpar al gobierno de turno, una actitud costumbrista que no conduce a ninguna solución.
No quiero detenerme en la responsabilidad económica de un gobierno u otro. Prefiero hablar de la capacidad de adaptación de los dominicanos resilientes: de quienes, al mal tiempo, ponen buena cara; de quienes siguen el dinero y supieron identificar a tiempo hacia dónde se movía el consumo.
Desde que tengo memoria, las cosas siempre han estado malas. Eso me dijo Perencejo, que ayer andaba en motor y hoy anda en jeepeta.
La pregunta, entonces, es: ¿cuándo dejaremos de lamentarnos por los colmados vacíos y comenzaremos a pensar en nuevos modelos de negocio? La realidad exige adaptarse. Si los consumidores se mudaron de los colmados a los supermercados, los empresarios también deben preguntarse cómo responder a ese cambio.
En fin, hay dos opciones: quejarnos de los colmados vacíos o analizar el mercado y buscar la manera de abrir nuestro propio supermercado.

