Cuando a Don Orondo le trancaron el juego

Redacción: Por la Línea

Durante la década entre 1950 y 1960, en la Línea Noroeste era muy escaso encontrar personas con vestimenta formal.

Don Orondo Rodríguez era excepción. Aquel hombre no escatimaba esfuerzo ni dinero para ostentarlo. Eso le facilitaba buenos resultados en sus conquistas amorosas.

Él era dueño de una considerable fortuna, que además de tierras agrícolas y ganaderas, incluía maquinarias para el cultivo, así como camionetas, caballos y mulos que eran un verdadero referente en toda la región.

Aquel acaudalado hombre se propuso una meta que implicaba cruzar desde su pueblo natal, Castañuelas, hacia la comunidad de Jobo Corcova’o. Para ese tiempo no existía puente entre esas comunidades. Recorrer ese trayecto era parte de sus esfuerzos para una tarea que hasta ese momento había resultado imposible: conquistar a la doncella más hermosa de la zona.

Como cada sábado, “enflusa’o y perfuma’o”, Don Orondo llegaba hasta la orilla del Yaque del Norte. Allí solía encontrarse con la parte más amarga de su recorrido: entrar en contacto con el barquero que operaba el único medio para cruzar el otrora caudaloso río.  

Vincularse con alguien a quien Don Orondo consideraba despreciable “por ser analfabeto, pobre y maltalla’o”, solo se compensaba con sus renovadas esperanzas de lograr un objetivo que le devolvería la anhelada paz: conquistar el amor de una joven mujer que le estaba quitando el sueño.

El barquero ofrecía sus servicios de 6:00 AM a 8:00 PM, de lunes a viernes, y de 7:00 AM a 7:00 PM, sábado y domingo. Confiado en la regularidad del citado horario, un sábado al regresar de su acostumbrada visita, Don Orondo se llevó una gran sorpresa: el barquero no aparecía y las cadenas que sujetaban a la barca estaban trancadas con un fuerte candado.

Aquella situación impidió cruzar el río a un hombre que se vio obligado a pasar la noche en una casa abandonada en la comunidad de Loma de Castañuelas.

Semanas después se supo que el humilde barquero era el dueño de la llave del corazón de aquella hermosa doncella, y que para esa noche decidieron unir sus vidas y trancarle doblemente el juego a Don Orondo Rodríguez.

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