Ambiorix Popoteur Zapata revela una singular virtud de Yaguajay en la segunda parte de su relato ambientado en la Sabaneta de los años 50
Santo Domingo, RD.- Luego de la publicación anterior, titulada “Adelantan fragmento de relato inspirado en Sabaneta”, Ambiorix Popoteur continúa su recorrido narrativo con el capítulo “El río que lo sabe todo”. El autor mantiene el tono nostálgico y costumbrista que vincula su historia con la vida comunitaria de Sabaneta.
El nuevo fragmento sitúa la acción en el río Yaguajay, presentado como refugio, punto de encuentro y testigo silencioso de la vida del pueblo. En el relato, sus aguas conservan recuerdos, juegos, promesas y secretos de varias generaciones.
El río como escenario emocional
La historia reúne a varios personajes del barrio durante una jornada de verano. Rafaelito llega primero con alimentos, utensilios y provisiones para compartir junto al río. Luego se suman vecinos, familiares y conocidos, entre ellos Simón y Manuela Zapata.
El capítulo desarrolla una tensión íntima entre Simón, Rafaelito y Manuela. La narración muestra cómo una tarde de río revela sentimientos guardados, silencios prolongados y una amistad puesta a prueba. El texto evita el escándalo y apuesta por gestos mínimos. Una mano ofrecida, una mirada y una conversación breve bastan para marcar el rumbo emocional de los personajes.
Memoria, amor y amistad
La escena del sancocho, las conversaciones junto al agua y los juegos en la ribera refuerzan el ambiente comunitario. También recuperan detalles de la vida cotidiana en la Sabaneta de los años cincuenta. En este capítulo, Popoteur presenta al Yaguajay como un personaje simbólico. El río observa, escucha y guarda aquello que los protagonistas no se atreven a decir en voz alta.
Con esta entrega, el relato profundiza en una historia donde el amor no declarado, la amistad y la memoria del pueblo avanzan sin necesidad de grandes conflictos.
El cierre deja abierta la tensión entre los personajes. También confirma que, en Sabaneta, las historias pueden permanecer escritas en la memoria colectiva con apenas una tarde de verano, una conversación pendiente y tres corazones frente al mismo río.

