Bajo lluvia y alerta amarilla, Voces en Vuelo reunió poesía, memoria y comunidad en una noche donde la cultura abrió caminos
Por Néstor Estévez
La tarde del Día Mundial de la Poesía parecía destinada al fracaso en Santiago Rodríguez. La lluvia no dio tregua. Un frente frío y una vaguada mantuvieron bajo amenaza a toda la zona, al punto de que el COE dispuso alerta amarilla. Desde el viernes 20 de marzo, el agua cayó con persistencia y se extendió durante todo el sábado, sembrando dudas sobre la realización de uno de los encuentros culturales más esperados de la provincia.
Sin embargo, la octava edición del Recital Voces en Vuelo sobre Melopea del Riachuelo logró imponerse al clima, al lodo y a la incertidumbre. Lo que pudo haber terminado en suspensión se convirtió en una afirmación poderosa del valor de la poesía, la comunidad y la cultura local.
Ni siquiera quienes llegaban desde Santo Domingo, Moca o San Francisco de Macorís tenían garantías de que el evento podría realizarse. Mucho menos Lenin Sánchez, poeta ecuatoriano que atravesó distintas rutas y medios de transporte para llegar hasta la Cordillera Central dominicana. Tampoco faltó la intuición poética de Máxima Hernández, quien, al recordar que no había podido asistir a las siete convocatorias anteriores, dejó una frase que pareció anticipar lo que vendría: “Aunque naufraguen estas prosas o todo termine, nos queda ella: la poesía”.
Contra todo pronóstico, el recital no solo se celebró, sino que logró llenar el salón. La asistencia confirmó que el vínculo entre arte y territorio sigue vivo, incluso cuando las condiciones parecen adversas. El montaje se realizó bajo lluvia, entre caminos embarrados y una tensión latente. Pero al final, el público llegó y los versos también.
Hubo un momento especialmente emotivo con el minuto de silencio en memoria de Celenio Torres, colaborador del montaje en las versiones anteriores. El gesto, acompañado por el sonido de la lluvia, añadió una dimensión simbólica al encuentro. Fue como si la naturaleza, lejos de interrumpir la jornada, terminara formando parte de ella.
Conexión
La ceremonia incluyó una invocación espiritual a cargo de la doctora Lissette De León, así como el himno a Sabaneta, reforzando la conexión entre identidad, memoria y pertenencia. También se rindió homenaje al escritor Eudaldo Hiciano, figura esencial de la historia literaria local, y al poeta Víctor Manuel Peralta Torres, reconocido como “poeta de la naturaleza”.
Entre una amplia diversidad de expresiones, Olga Lara rindió homenaje a la autenticidad cuando dijo “Que cuando el viaje termine / pueda murmurar muy quedo: / mi vida me supo a mí / y no a sazones ajenos”. Mikenia Vargas apeló a Rumor sagrado, su libro de 2023, para demostrar cómo se dice mucho en pocas palabras: “Palpo el agua / en el tiempo de la espera; / traslación de una memoria líquida / en donde llevo sin habla tu recuerdo. / Pensarte, / es ir saciando la sombra blanca de sed”.
Más allá de la declamación, el recital confirmó que la poesía en Santiago Rodríguez es también una experiencia colectiva. Hubo espacio para el humor poético, para una segunda ronda de lecturas y para un memorable abrazo poético con la Comunidad Literaria Taocuántica, de San Francisco de Macorís.
La jornada se desarrolló además junto a una feria comunitaria de exposición, degustación y venta de productos locales, recordando que la cultura también puede dinamizar la economía comunitaria. Lo que inició en 2016 como un sueño de Diógenes Díaz Torres es hoy un proyecto que articula comunidad, creación artística y desarrollo territorial.
Al final, el resultado fue claro: la lluvia no canceló la esperanza. En La Guama, la noche del 21 de marzo dejó una certeza: cuando una comunidad cree en su cultura, la poesía puede abrir caminos incluso bajo el aguacero.

