En «Temblores que hablan», este colaborador advierte y retrata la vulnerabilidad en dos países hermanos: RD y Venezuela
Del dolor de Venezuela a la alerta en nuestra tierra,
Sacudió la tierra, se abrió el suelo,
en Venezuela el sismo dejó su huella:
casas que caen, gritos que se elevan,
dolor compartido sin distinción de piel.
Ricos y pobres, todos bajo el mismo cielo,
muertos, heridos, quienes nadie encuentra;
un país que guarda riquezas en sus entrañas,
pero cargado de crisis en cada frontera.
Llega la mano amiga de afuera y de adentro,
solidaridad que nace cuando todo se rompe;
pero ¿cuánto se sufre por no estar preparados?
¿Cuánto se pierde por no mirar al futuro?
Y aquí estamos, en la Isla Hispaniola,
en el mismo camino donde tiembla la roca;
República Dominicana, en alerta constante,
con ciudades que no resisten el golpe de la tierra.
Edificios sin estructura que aguante el embate,
calles estrechas, barrios que se alzan sin norma;
la experiencia ajena ya no es solo noticia,
es la voz que nos grita: la prevención salva.
No basta esperar que pase el momento,
ni confiar en que “aquí nunca ha pasado”;
hay reglas antes, acciones durante y después,
orientación clara, saber qué hacer, dónde ir.
La naturaleza avisa, no pide permiso,
la riqueza no sirve si no hay seguridad;
el mejor refugio no es muro ni fortuna,
es estar listos, unidos, con sabiduría.
Que el dolor de Venezuela sea nuestra lección,
que el riesgo no nos tome desprevenidos:
prevenir es construir vida, hoy y mañana,
para que cuando tiemble, sigamos de pie.
*El autor es ecologista y animador sociocultural.

