Un jardín como manifiesto

Redacción: Por la Línea
Un jardín como manifiesto

En Un jardín como manifiesto, nuestro director refiere la singular filosofía de un lugar para visitar y volver

Por Néstor Estévez

Visitar la finca de Andrés Peralta es encontrarse con una manera diferente de entender la vida. A quienes llegan hasta El Carrizal, en Restauración, provincia Dajabón, se les sugiere mantener la mente abierta: no es una finca común ni un paseo por la naturaleza cualquiera. En Hagroeca Jungla Verde, la agricultura es también una declaración de principios y una forma de resistencia.

Andrés, quien ha sido actor callejero, fabricante de caretas y animador sociocultural, ha encontrado en esta finca/escuela su escenario definitivo. Aquí combina sus convicciones más profundas con un activismo que parte de la tierra y se extiende a la vida misma. Defiende, por ejemplo, que no se necesita gran terreno para cultivar lo que una familia puede necesitar: tarros, botellas y cajones reciclados le bastan para demostrar cómo, incluso en las azoteas, es posible cosechar alimentos saludables.

El concepto de soberanía alimentaria se vuelve tangible en cada rincón del lugar. Andrés muestra con orgullo sus cultivos diversos: tomates, ajíes, hierbas medicinales, frutales exóticos y especies aromáticas conviven en armonía, aprovechando la sinergia natural entre ellas. Se cuida el suelo, se integran las llamadas “malezas” como abono y se respeta el ritmo de cada planta. “Cuando tú haces un huerto circular, tú estás combinando con la energía del cosmos”, repite Andrés, convencido de que cultivar es una práctica espiritual, no solo técnica.

Andrés Peralta muestra lo que llama «segunda vida» en Hagroeca.

Más allá de la producción agrícola, la finca ofrece espacios como el «túnel de la vida», donde Andrés y sus visitantes practican meditación y rituales ancestrales entre los bambúes. Aquí se habla de conexión, de energías y de la tierra como aliada en tiempos de estrés y desgaste.

La defensa del medio ambiente es otro de los pilares que sostienen a Hagroeca. Andrés se declara firme opositor de la megaminería y no duda en afirmar que, de ser necesario, defendería su tierra con la vida. Su finca es su trinchera, pero también su escuela abierta al intercambio de conocimientos y al fortalecimiento de las comunidades rurales.

Entre plantas, gallinas, huertos y enseñanzas, Andrés Peralta ha convertido su proyecto en un espacio donde la agroecología, la espiritualidad y la lucha social confluyen. Andrés vive en un jardín que es también manifiesto y resistencia.

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