¿Conoces la clave para prolongar la juventud?

Redacción: Por la Línea

Por Juan Carlos Simó.

“Que tu alimento sea tu medicina, que tu medicina sea tu alimento”.- Hippocrates.

Existen muchas tendencias, filosofías, modas y escuelas que defienden tan distintos enfoques sobre qué comer, cuanto comer y con qué frecuencia.

Lo primero que se debe determinar es una meta. Esta puede estar dirigida a un cambio estético (rebajar o aumentar), a mejorar la salud (síndrome metabólico, alguna enfermedad degenerativa, longevidad, détox, etc…) o la combinación de ambos.

La dieta baja en carbohidratos es una tendencia alimenticia fundada en la reducción de carbohidratos para dar preferencias a las proteínas y las grasas. Esta corriente ha adquirido relevancia en los últimos años por el sustento científico que la acompaña.

La reducción de carbohidratos nos ayudará a recuperar la capacidad de usar nuestras reservas de grasas, sintiéndonos más enérgicos, mejorando nuestra capacidad termorreguladora, a la vez que se normaliza nuestro peso corporal.
Una de las tantas virtudes de las dietas bajas en carbohidratos refinados y/o procesados y azucares simples, es la preservación de las articulaciones y cada uno de los componentes de los tejidos conectivos (cartílago, tendón, ligamentos, etc.) en el cuerpo humano.

Desde una perspectiva hacia la longevidad, se reconoce como piedra angular de envejecimiento prematuro niveles elevados de insulina y de glucosa en la sangre. La insulina en estados elevados constantes está asociada con inflamación sistémica que afecta tanto el sistema cardiovascular, el cerebro y el resto del equilibrio hormonal. Tomando esto en cuenta, las dietas que inducen un estado cetogénico favorecen la longevidad.

¿Por qué es indispensable al evitar los carbohidratos incluir grasas en las comidas?

Cuando se realiza una ingesta de comidas que aportan calorías, parte de estas se usarán para suministrar energía (carbohidratos y grasas) y otras para funciones diversas, como la de reparar y construir músculos (función de las proteínas).
Las principales fuentes energéticas son los azucares y las grasas, es decir, las proteínas solo sirven para fomentar y reparar el músculo en presencia de las dos anteriores. De estas dos funciones, la más importante es la de suministro de energía.

Cuando no comemos carbohidratos, las proteínas serán convertidas en glucosa pero las grasas ayudarán a evitar esto último. Por esta razón se reconoce que las grasas tienen un efecto anti catabólico.

La falta de constancia no te lleva a ningún ligar. La cantidad de información que “des informa” trastorna las metas de la mayoría de las personas (esto aplica en todo). En lo que nos compete y en lo que profesamos, la norma es que la mayoría que busca “un cambio elige a cada instante algo diferente.

Cada meta lleva un camino distinto y ninguno parecido. Al asumir “dietas” basadas en percepción particular o modas del momento no solo dejan de ayudar, sino que comprometen la salud y la longevidad. “Hay que saber comer, saber elegir y hacerlo para alimentar tu cuerpo, no para aniquilarlo y mucho menos des nutrirlo”.

En definitiva, la consistencia es clave para el éxito y este se relaciona con lograr un fin o meta propuesta. El dicho “un día a la vez” aplica a la dietética. Este podría dictar “Una comida a la vez”.

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