Por Antonio Villar
La política que practicamos se ajusta perfectamente a lo que se conoce como las relaciones líquidas, que “son relaciones interpersonales caracterizadas por la falta de solidez, compromiso y confianza. Se basan en la fugacidad, la superficialidad y el individualismo”. Son relaciones de mosquito, sólo te me acerco buscando picarte; si no es para picarte, tú no me interesa. ¿Qué se espera?
He deseado escribir este artículo para ofrecer un punto de partida a quienes desean entender lo que debe ser la política. Este texto busca ser una invitación a pensar, meditar e incluso planificar sobre el tema.
Cualquier organismo social, ya sea un país, una ciudad, una organización, una empresa o una familia, debe ser visto como un organismo. Quien encabeza un organismo o aspira a hacerlo, debe trabajar para la salud, el crecimiento y el bienestar de ese organismo.
Según la biología, existen tres formas de vida:
- La colaborativa.
- La comensal. Una parte se beneficia sin afectar a la otra.
- La destructiva o parásita.
Cuando una persona va a relacionarse con otra, debe ser consciente y pensar desde qué punto de vista va a promover esa relación: ¿será colaborativa, comensal o parásita?
Se habla de que existen muchos tipos de líderes, pero en realidad sólo hay dos: aquel que trabaja por el bienestar de los involucrados en el espacio que dirige o quiere dirigir. Este es el verdadero líder. Y aquel que se aprovecha o quiere aprovecharse de los demás en el espacio que pretende dirigir. Este es un líder enfermo.
El único liderazgo verdaderamente sano es el primero; el segundo tipo de liderazgo, el enfermo, contaminará todo el espacio con el que se relacione.
Liderazgo y política
Aceptamos el engranaje político que existe en el mundo, y particularmente en nuestro país, pero es crucial entender qué tipo de liderazgo está predominando. La política ideal es aquella que busca el bienestar del organismo en el que vivimos y que queremos encabezar. Aunque no podemos esperar que la política sea perfecta, siempre habrá fallas. Sin embargo, todo debe ser visto como sujeto a mejora continua.
Si ejercemos la política siguiendo el primer tipo de liderazgo, debemos mantenernos siempre en la línea de la mejora continua, del aprendizaje constante, de la innovación y la creatividad, para crecer siempre hacia lo mejor.
Un verdadero líder es alguien que siente la necesidad de mejorar constantemente. De ahí surge la necesidad de emprendimiento, innovación y creatividad. Pero también debe entender que tiene fortalezas y debilidades, y para superar estas últimas, necesita de las fortalezas de los demás. Un líder sano busca formas de compensar sus debilidades con las fortalezas de otros, facilitando, con las suyas, que todos avancen, crezcan, innoven y creen, alcanzando mayores niveles de bienestar.
¿Cómo se dirige un país?
Dirigir un país es como trabajar para la salud del organismo que se desea dirigir. Si un líder busca su propia salud, entenderá cómo manejarse para buscar la salud del organismo que dirige. El líder es un experto, un maestro del estar alerta, para evitar posibles daños al organismo que dirige y para aprovechar las oportunidades que se presenten o puedan crearse, fortaleciendo su capacidad de avanzar hacia mejores espacios: espacios de salud, economía e incluso de paz exterior e interior.
Hasta ahora, muchas personas han sido atraídas por ideales de “estados perfectos”, inscritas en corrientes como el capitalismo, el comunismo o el socialismo, sin entender que todo debe estar orientado a lograr la máxima salud del organismo al que todos pertenecemos. Es absurdo buscar un bienestar que se logre a costa del bienestar de otros con quienes nos involucramos en esa búsqueda.
El sistema perfecto será aquel que, sin ignorar nuestras imperfecciones, trate de facilitar que cada persona tenga la oportunidad y la facilidad de trabajar para aportar, a la vez que gestione lo necesario para tener una vida con calidad, esperanza y relaciones que generen más bienestar para todos. Aquí estamos hablando de liderazgo sano.

