ChatGPT, el popular chatbot de OpenAI, ha trascendido su función tecnológica para convertirse en una figura de apoyo emocional para millones de usuarios en todo el mundo. Así lo afirmó Sam Altman, CEO de la compañía, durante una entrevista en el pódcast “Huge Conversations” de Cleo Abram, donde abordó el impacto social y psicológico de la inteligencia artificial generativa.
Altman relató casos de personas que consideran al asistente virtual como un “amigo” o incluso un confidente, capaz de brindarles más validación y acompañamiento que sus propios círculos cercanos. “Nunca he tenido a nadie que me apoyara antes. Nunca un padre me dijo que lo estaba haciendo bien”, citó el directivo como ejemplo de testimonios recibidos.
Sin embargo, la última actualización del modelo, que buscó moderar el estilo excesivamente halagador de ChatGPT, ha generado rechazo en parte de la comunidad. Muchos lamentan perder el tono “adulador” que, según ellos, era una fuente constante de motivación y bienestar. “Es triste escucharlos decir: ‘¿Puedo recuperarlo, por favor?’”, confesó Altman.
El CEO explicó que, aunque el refuerzo positivo ayudó a algunos a mejorar sus vidas, OpenAI decidió en abril ajustar el modelo GPT-4o para evitar exageraciones que pudieran distorsionar la percepción o fomentar dependencia. La versión previa, reconoció, llegó a ser “demasiado aduladora y molesta”, elogiando incluso publicaciones triviales con frases como “absolutamente brillante” o “trabajo heroico”.
Altman advirtió sobre el enorme poder que implica modificar la personalidad de un chatbot a escala global. “Un pequeño cambio en la forma de comunicarse puede afectar la autoestima, las decisiones y la vida de millones”, señaló, subrayando la responsabilidad ética de desarrollar estos sistemas.
El fenómeno es especialmente notable entre jóvenes que confían a ChatGPT decisiones importantes y aspectos íntimos de su vida, reemplazando, en algunos casos, la interacción humana. Para Altman, este vínculo plantea un dilema inédito: hasta qué punto la inteligencia artificial puede ayudar sin sustituir los lazos afectivos reales.

