Santo Domingo. El Clúster del Limón de la República Dominicana lanzó una enérgica advertencia sobre la crítica situación que atraviesa el sector citrícola nacional. Denuncia que la masiva importación de limones está provocando un colapso en los canales de comercialización y desplazando al producto local de supermercados, hoteles y mercados populares.
En una carta enviada al director del Departamento de Permisos de Importación del Ministerio de Agricultura, Lemy Gutiérrez, los directivos del Clúster —encabezados por Félix Adalberto Bautista, productor de larga data y defensor histórico del sector— solicitaron una revisión urgente de la política de importación de limón, alegando que las decisiones actuales favorecen productos extranjeros, en detrimento de los agricultores dominicanos.
“La producción nacional enfrenta plagas devastadoras, robo en fincas, escasez de mano de obra y costos de producción altísimos. A esto se suma ahora una política de importación descontrolada que ha sustituido el limón local por importaciones desde Perú y Colombia”, indica la misiva, firmada también por Frida Pichardo de Villamil y Rafael Andrés Lora.
Según el Clúster, esta práctica ha generado una caída drástica en los precios del limón dominicano y ha dejado sin salida comercial a miles de productores. Incluso advierten que, de seguir así, se perderán grandes volúmenes de producción por falta de mercado, pese a contar con un producto de alta calidad y potencial exportador.
Además, cuestionan la falta de controles sanitarios adecuados en los productos importados, lo que pone en riesgo la sanidad vegetal del país al exponerlo a enfermedades como la mosca del Mediterráneo, el cancro de los cítricos y la mancha negra.
“Resulta inaceptable que cada vez que el precio del limón dominicano alcanza niveles rentables, se autoricen importaciones que desestabilizan el mercado. No se puede construir un sector agrícola competitivo si las decisiones del propio Ministerio lo ponen en peligro”, señala Bautista.
El gremio exige establecer un canal permanente de diálogo con el sector productivo y que las importaciones —cuando sean necesarias— se autoricen con criterios técnicos, en cantidades proporcionales al déficit real y bajo estricto cumplimiento de protocolos internacionales.
“Lo mucho, hasta Dios lo ve”, concluye la carta.

