Crece inquietud social por aval masivo de permisos y débil fiscalización.
SANTO DOMINGO, RD.– Las recientes declaraciones de la Comisión Hípica Nacional, que confirman la aprobación de 29,100 licencias para la comercialización de apuestas hípicas y de tracción animal, han encendido las alertas en distintos sectores. La cifra, correspondiente a solicitudes aprobadas de un total de 60,000, ha sido recibida con preocupación por observadores de la industria y representantes de la sociedad civil, quienes cuestionan el manejo de un tema de alto impacto social y ético.
Volumen de licencias genera inquietud
Más allá de la precisión ofrecida por el organismo regulador, el debate se centra en el alcance real de estas autorizaciones. La aprobación de 29,100 licencias se considera excesiva para el tamaño del mercado nacional, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo y sus efectos en comunidades vulnerables. La habilitación de miles de puntos de apuestas, muchos de ellos en formato virtual, amplía la exposición de la población a prácticas de juego que requieren controles estrictos.
Diversos analistas advierten que este crecimiento acelerado podría derivar en una saturación del sector, con consecuencias sociales que aún no han sido debidamente evaluadas. La expansión sin límites claros también incrementa los riesgos asociados a la ludopatía y a la informalidad en la operación de estos negocios.
Críticas por proliferación sin control
Otro aspecto que genera cuestionamientos es la aparente normalización de la emisión masiva de permisos. Sectores críticos consideran inaceptable que se trate como práctica habitual la entrega indiscriminada de licencias, especialmente cuando incluyen modalidades vinculadas a la tracción animal. Esta combinación de factores refuerza la percepción de falta de criterios rigurosos en la toma de decisiones.
El crecimiento del número de agencias no solo responde a la demanda del mercado, sino también a una política permisiva que, según denuncian, carece de una visión integral de regulación. En ese contexto, la expansión del juego se percibe más como un fenómeno descontrolado que como una actividad debidamente planificada.
Incumplimiento de normativas vigentes
A la preocupación por la cantidad de licencias se suma el incumplimiento de disposiciones legales sobre la ubicación de estos establecimientos. En distintas zonas del país se observa cómo se viola la normativa que establece una distancia mínima de 200 metros entre bancas, con locales operando prácticamente uno al lado del otro.
Esta situación evidencia fallas en la supervisión y en la verificación de requisitos antes de otorgar permisos. La presencia desordenada de puntos de apuestas en barrios y comunidades refuerza la percepción de ausencia de control institucional. Para muchos, el proceso de concesión parece priorizar la cantidad sobre el cumplimiento de la ley.
Comparación con el sector de bancas deportivas
El contraste con otros segmentos del juego legal también alimenta la polémica. Mientras el Ministerio de Hacienda ha otorgado alrededor de 1,870 licencias para bancas deportivas en tres décadas, el sector hípico ha alcanzado casi 30 mil permisos en apenas uno o dos años.
La diferencia en los ritmos de aprobación resulta difícil de justificar, lo que lleva a cuestionar los criterios aplicados por la Comisión Hípica Nacional. Para los críticos, este desequilibrio evidencia una falta de coherencia en la regulación del juego en el país.
En conjunto, el escenario plantea un desafío urgente para las autoridades: equilibrar el desarrollo del sector con la protección del interés público, garantizando que las políticas de otorgamiento de licencias respondan a criterios responsables y sostenibles.

