…y paisajes únicos que combinan tradición pesquera, arquitectura y vida costera intacta.
Japón.- A unas dos horas de Kioto, el pequeño pueblo de Ine, en la península de Tango, resguarda una de las estampas más distintivas de Japón: alrededor de 230 casas de madera construidas directamente sobre el agua. Este paisaje, documentado por la sección de viajes de National Geographic, combina historia, pesca tradicional y una geografía privilegiada.
Con menos de 2.000 habitantes, Ine se abre al mar de Japón, protegido por una bahía tranquila donde la isla de Aoshima funciona como barrera natural. Este entorno, de aguas profundas y paredes rocosas, ha sido clave para el desarrollo marítimo del pueblo.
La localidad ganó notoriedad nacional en 1993 tras aparecer en la telenovela Nyobo. Aunque durante años estuvo fuera del radar internacional, hoy despierta interés por su arquitectura tradicional, métodos pesqueros y armonía entre mar, bosque y cultura.
Funaya: viviendas que nacen del mar
El sello distintivo de Ine son las funaya, casas construidas a ras del agua que integran vivienda y espacio para embarcaciones. Estas estructuras se extienden por unos cinco kilómetros de costa y reflejan una organización pensada para la vida marítima.
En la planta baja, abierta hacia el mar, se guardaban las barcas. Arriba se ubicaba la vivienda principal. La base se construía con madera de castaño, resistente a la humedad, mientras que las vigas superiores eran de pino, más flexibles.
Con el auge de la pesca del buri entre 1880 y 1950, muchas funaya evolucionaron hacia edificaciones de dos pisos con techos de teja. Más tarde, la llegada de motores y cambios en la infraestructura vial modificaron su uso, destinando algunos espacios a funciones residenciales.
Hoy, aunque algunas ya no albergan embarcaciones, conservan su esencia. Varias plantas bajas funcionan como áreas de trabajo, limpieza o secado de pescado, manteniendo vivo el vínculo con la pesca.
Economía pesquera y tradición alimentaria
La historia de Ine se remonta a 1191, con la pesca como base económica. Hasta el inicio del período Edo, la actividad se concentraba en la bahía, pero desde el siglo XVII se expandió al mar abierto, incluyendo la pesca de ballenas.
Actualmente se utilizan técnicas como almadrabas, redes fijas y palangre, además de la captura de calamar. En la bahía se crían especies como la seriola y se engorda atún rojo, especialmente valorado entre septiembre y enero.
La identidad local también se expresa en su gastronomía. Productos como himono, wakame, seriola en miso y heshiko reflejan métodos tradicionales de conservación. Destaca la bodega Mukai, fundada en 1754, que mantiene técnicas de fermentación del período Edo utilizando arroz autóctono.
El área portuaria reúne ocho aldeas —Hide, Takanashi, Nishi-Hirata, Higashi-Hirata, Ōura, Tateishi, Nibi y Kameyama— que conforman un sistema territorial integrado alrededor de la bahía.
Turismo, miradores y patrimonio protegido
Las mejores vistas de Ine se obtienen desde el agua o desde puntos elevados. El mirador Funaya no Sato Ine ofrece una panorámica completa de la bahía y el golfo de Wakasa, además de restaurantes y tiendas locales.
Los recorridos en barco son una de las experiencias más populares. Un servicio turístico navega durante 25 minutos con salidas cada media hora, mientras taxis marítimos operados por residentes permiten trayectos más personalizados.
El acceso desde Kioto es sencillo: dos horas en auto o tren hasta Miyazu, seguido de un autobús corto. Esta conectividad ha impulsado a Ine como destino de excursiones.
El valor patrimonial del área incluye 310 hectáreas protegidas y 460 elementos catalogados, entre viviendas, casas-barco y almacenes. El entorno natural, con especies como pino negro, castaño y olmo japonés, cumple además una función ecológica clave al atraer peces, fenómeno conocido como uotsukirin.
Frente al pueblo, Aoshima alberga el santuario de Ebisu, restos de un templo antiguo y una tumba de ballenas. En el interior, el santuario de Urashima, fundado en 825, conecta con la leyenda de Urashima Tarō, reforzando el valor cultural del lugar.
Fuente: Infobae

