El contrato por $765 millones de dólares que le pagarán los New York Mets a Juan Soto significan más del triple en cantidad que lo que recibió Alex Rodríguez en 2001 cuando dejó los Seattle Mariners por los Texas Rangers.
La inflación – por así decirlo – del mercado beisbolero en el último cuarto de siglo nos da la pauta de que quizás, no estamos tan lejos del primer contrato de mil millones de dólares, o un billón de dólares, por un atleta en este deporte.
Soto se unió a Shohei Ohtani de Los Angeles Dodgers como el primer dúo en recibir contratos por arriba de los $700 millones de dólares, aunque el acuerdo con el jugador japonés tiene cláusulas de dinero diferido que se terminarán por pagar muchos años después de que haya terminado su carrera como pelotero. Los Mets, propiedad del magnate Steve Cohen, le darán a Soto su dinero en tiempo y forma durante la siguiente década y media en la que jugará con el club neoyorquino.
La competitividad de ciertos equipos de legado como los Dodgers y Yankees, combinados con la agresividad de equipos respaldados por dueños con cantidades impresionantes de dinero como los mismos Mets o los Toronto Blue Jays, nos están llevando a una eventualidad en un deporte donde notablemente, no existe un tope salarial que limite a los administradores de los 30 equipos.
Es decir, en unos años es más que probable que estemos hablando del primer jugador de Grandes Ligas que firme un contrato por mil millones de dólares, una cantidad que eclipsaría cualquier número visto en cualquier deporte alrededor del mundo. Pero ¿quién podría ser este jugador? y, ¿qué tan rápido podríamos pensar en que esto suceda?
Antes del 2030: ¿ya debutó el futuro billionaire del beisbol?
Actualmente, estamos ante una época donde el talento joven e internacional brota en la liga de beisbol más importante del mundo. En la recientemente terminada campaña de 2024, la batalla épica por el premio de Novato del Año entre Paul Skenes, lanzador de los Pittsburgh Pirates y eventual ganador, ante Jackson Merrill, jardinero central de los San Diego Padres, es apenas uno de los buenos augurios para el futuro de la liga.
Jugadores jóvenes como Gunnar Henderson, el campocorto de los Baltimore Orioles, así como el dominicano y también campocorto, Elly de la Cruz, estrella de los Cincinnati Reds, son al igual que Merrill y Skenes elementos menores a los 25 años que ya hacen de las suyas impactando de gran manera dentro de sus organizaciones.
El beisbol de Grandes Ligas resulta reticente en el pasado de permitir explosiones tan bruscas de juventud – no era raro ver procesos de jugadores en ligas menores que culminaban en debuts tardíos, con los primeros swings o lanzamientos en Grandes Ligas a los 23, 24 o incluso después de los 25. Pero hoy día, los evaluadores de talento dentro de los equipos, así como los mismos managers y entrenadores, ponen cada vez más fe y presión sobre sus jóvenes talentos.
Del grupo antes mencionado, solamente De La Cruz, Merrill y Skenes ya muestran talento nivel Juego de las Estrellas, pero Skenes, al ser lanzador, muy probablemente no podría comandar un salario tan enorme por ser un jugador que aparece una vez cada cinco días. Merrill, un jugador versátil que comenzó como campocorto y ahora patrulla el jardín central de Petco Park para los Padres, necesitaría de números más impresionantes de poder en el futuro para considerarlo al nivel de Soto. De La Cruz, evidentemente, con gran poder, velocidad y defensa – es un titán en ascenso, aunque no batea para contacto tan bien como su compatriota Soto.
Para poder justificar en algunos años una locura de contrato comparable a Soto u Ohtani (quien, además, justifica su salario al ser lanzador estrella y bateador sobrenatural), será necesario que el grupo antes mencionado – excluyendo a Skenes – pueda mantener un nivel similar al del dúo de los $700 millones para justificar un contrato mayor en el futuro.
Entre 2030 y 2040: ¿un joven prospecto en ligas menores o fuera de Estados Unidos?
Roki Sasaki, la joven promesa de Japón y uno de los lanzadores abridores más deseados previo a la temporada 2025, firmará un contrato modesto este invierno gracias a las restricciones que existen para firmar a un jugador que viene directamente de una liga extranjera.
Pero Sasaki, al igual que Ohtani antes que él, es un indicador de la gran ola de talento que viene de la actual generación de peloteros japoneses. Se estima que, si Sasaki no tuviera restricciones en su contrato potencial, podría comandar más de $100 millones de dólares inclusive sin haber debutado antes en Grandes Ligas.
Sasaki, de 23 años de edad, probablemente no será el que llegue a los mil millones por el mismo motivo que Skenes, no juega todos los días. Pero quizás ya se asoma otro jugador que provenga de Japón con un talento similar al de su compatriota Ohtani, u otro que venga desde Latinoamérica, en la interminable fuente de talento de República Dominicana, o quizás desde Venezuela, México o Centroamérica que haga mímica de Soto.
O quizás, será alguien que como Ohtani, sea un fenómeno para batear y para lanzar. Jac Caglianone es un lanzador y primera base en la organización de los Kansas City Royals. Resultó seleccionado sexto en el Draft de MLB de 2024 y otorgado un bono de siete millones de dólares por el club, un espaldarazo a su potencial. Antes de sufrir una lesión de ligamento en su codo, ya lanzaba arriba de las 90 millas por hora como lanzador y rompió el récord de jonrones de su universidad.
El futuro jugador que rompa la barrera de los mil millones bien podría ser un clon de Ohtani y de Caglianone, uno que le dé múltiples armas al equipo que le contrate, que le resuelva tanto desde el montículo como desde la caja de bateo.

