Es urgente que establezcamos similitudes y diferencias entre estar conectados y estar realmente comunicados.
Por Néstor Estévez
Las pantallas nos acercan a quien está lejos, pero muchas veces nos alejan de quien está al lado. Al enviar mensajes rápidos olvidamos saludar, preguntar por el tiempo del otro o cerrar la conversación con un “gracias”.
Esa falta de ritual hace que la interacción se sienta fría y automática, igual que cuando pulsamos un cajero automático. Además, la inmediatez crea la falsa presión de responder al instante; si tardamos, el emisor imagina desinterés y nace el roce.
Para romper ese círculo basta con recuperar gestos pequeños: un “hola” al empezar, un emoticón amable, avisar cuando no podremos contestar. También ayuda separar momentos sin notificaciones para interactuar cara a cara.
La tecnología es una herramienta, no una excusa para olvidar modales. ¡Devolvamos calidez a nuestros chats y demostremos que detrás del teclado late un corazón dispuesto a conectar de verdad, profundamente!

