Por: Antonio Villar
Este colaborador aborda la comunicación como pilar clave para cultivar el liderazgo
En mi proceso de preparación continua como facilitador de liderazgo y construcción de futuro, he encontrado muchas ideas que me han impactado y se han quedado en mi mente y mi corazón para ser comunicadas. Entre ellas, una de las más esclarecedoras es la siguiente: «Todo aquel que ha desarrollado la destreza de comunicar sus ideas ya ha recorrido la mitad del camino hacia el éxito». Esta reflexión resalta la importancia de ejercitar las habilidades de comunicación.
La magia y el peligro de captar la atención
He estado cerca de personas que poseen la magia de captar la atención y despertar el interés, pero muchas veces utilizan esta habilidad para manipular, como los mosquitos que solo se acercan dónde pueden picar. Tener la capacidad de atraer la atención y ganarse el interés es crucial para la interacción social y el desarrollo de habilidades transversales. Sin embargo, si esta capacidad se usa solo para alimentar el ego, la persona termina fortaleciendo el caparazón de su «yo» y, como un huevo que no se rompe para dar paso a la vida, se pudre, aunque proyecte una imagen que facilite el engaño, la manipulación y la racionalización de conductas egoístas.
La comunicación como servicio y Ikigai
Antes de desarrollar la destreza de captar la atención y generar interés en los demás, debe cultivarse otra habilidad fundamental: la capacidad de ser feliz resolviendo problemas y facilitando el camino a quienes recibirán el mensaje. Convertir la comunicación en un ejercicio de servicio nos permite hacer de ella nuestro ikigai: aquello que nos hace felices, en lo que somos buenos, que el mundo necesita y por lo que podemos ser retribuidos.
La interacción como base de la existencia
La comunicación es la base de la existencia porque permite la interacción entre partes separadas. Por ello, la escuela, la familia, la comunidad y toda organización deberían priorizar el desarrollo del interés genuino por los demás. Esta es la única forma sana de obtener los beneficios de nuestra interacción y de satisfacer nuestras necesidades de manera plena.
El riesgo de la manipulación y el egoísmo
Cuando buscamos completarnos usando a los demás como simples herramientas, valorándolos solo en función de su utilidad para nosotros, nos condenamos a un infierno existencial. Nos convertimos en bestias con máscaras de bondad. Por el contrario, al ejercitar nuestro interés genuino por salir de nuestro cascarón para convivir, compartir y expandir nuestra conciencia, garantizamos nuestra humanidad. De lo contrario, terminamos como el agua estancada o el huevo que no se rompe: simplemente nos pudrimos.
El verdadero propósito de la educación
Las personas que aparentan bondad pero que en el fondo solo buscan su propio beneficio terminan revelando su verdadera esencia a través de sus gestos, su tono de voz y su lenguaje no verbal. Como dice el refrán: «De lo que está lleno el corazón, habla la boca». Comunicarse es darle sostenibilidad a la vida, y hacerlo de manera sana es iluminar las circunstancias en las que estamos obligados a desenvolvernos.
La importancia de sembrar bienestar
Ninguna educación que no tenga como pilar fundamental el sembrar bienestar para cosechar bienestar tendrá bases sólidas. Se pueden acumular títulos académicos y alcanzar el poder de emperadores y reyes, pero sin la capacidad de salir del cascarón del ego, el interior de la persona seguirá siendo como un huevo que nunca llegó a convertirse en un ser pleno.
Basta observar los desastres del mundo para darnos cuenta de las consecuencias de que la mayoría busque disfrutar de los privilegios de vivir sin sembrar lo necesario para sostener esa vida. La verdadera sostenibilidad y el sentido de la existencia surgen cuando enriquecemos nuestro interior a través del servicio a los demás. Es a través del servicio que ejercitamos nuestros talentos, habilidades y dones, alcanzando así el verdadero nivel de ser humano: ser hijos de Dios.

