La comunicación estratégica es el proceso de planificar y ejecutar la comunicación de manera que esté alineada con los objetivos a largo plazo de una organización.
Más que “magia”, “adivinación” o “suerte”, la comunicación estratégica es asunto de organización y seguimiento. Para lograr propósito con ella se necesita trabajar con la identificación de las audiencias clave, la definición de mensajes claros y la selección de los canales de comunicación más efectivos.
Una estrategia de comunicación bien diseñada y aplicada ayuda a las organizaciones a construir su reputación, gestionar su imagen y alcanzar sus metas de manera más eficiente. Además, permite a la organización adaptarse rápidamente a los cambios y a las crisis, asegurando que los mensajes clave lleguen al público correcto en el momento adecuado.
La comunicación estratégica es esencial para cualquier organización que desee lograr sus propósitos mediante la generación de relaciones duraderas y positivas en su entorno.
La importancia del propósito
Aunque sobra quien confunde “comunicar” con “decir”, en sus concepciones y con sus actuaciones, es muy útil tener en cuenta que la comunicación es una serie de procesos dinámicos que implican “creación, transmisión, recepción e interpretación de mensajes… …con influencia del contexto y la relación entre los participantes” (DeVito, 2016).
Ocurre, entonces, que la revolución digital ha transformado radicalmente la manera en que las personas decimos comunicarnos. Las nuevas tecnologías, incluyendo las redes sociales, las aplicaciones de mensajería instantánea, las plataformas de videoconferencia y un largo etcétera de facilidades vinculadas a la denominada Inteligencia Artificial han abierto las puertas a una inusitada aceleración en las interacciones entre las personas.
Y ese factor marca un punto esencial en la comunicación humana. Reputados estudiosos se han tomado el trabajo de explicar los complejos procesos que necesitamos agotar los humanos para realmente comunicarnos. De entrada, la percepción de la realidad por parte del cerebro humano es un proceso complejo y multifacético que implica: recepción sensorial, transmisión neuronal, procesamiento primario, integración y organización, asociación y reconocimiento, y finalmente interpretación y evaluación.
Sobre este segundo aspecto se puede ampliar en el siguiente enlace.

