Descubren microvida activa dentro de la niebla

Redacción: Gerardo Davis
bacterias vivas en gotas de niebla microscópica

Revelación científica desafía lo conocido sobre este fenómeno atmosférico cotidiano

Hay algo vivo en la niebla y científicos acaban de observarlo, desafiando percepciones comunes sobre un fenómeno atmosférico aparentemente inerte y silencioso.

Cualquier buena historia de terror incluye elementos como aislamiento, sonidos inexplicables y sombras inquietantes, pero la niebla siempre destaca como símbolo visual de misterio persistente.

La reciente serie Widow’s Bay de Apple refuerza esta percepción, mostrando cómo una densa niebla puede ocultar presencias inquietantes más allá de la vista humana.

Sin embargo, la realidad científica revela que la niebla no está libre de sospechas, pues podría albergar actividad biológica significativa dentro de sus diminutas gotas suspendidas.

Bacterias vivas en la niebla: un hallazgo clave

Durante años, los científicos sabían que microorganismos flotan en el aire y pueden quedar atrapados en nubes, pero desconocían si permanecían activos biológicamente.

Para aclarar esta incógnita, un equipo liderado por Thi Thuong Cao analizó durante más de dos años muestras recolectadas antes, durante y después de eventos de niebla.

Los resultados publicados en la revista mBio muestran que esta humedad atmosférica puede contener millones de bacterias vivas que encuentran en ella un hábitat temporal adecuado.

Para evitar interferencias del viento, los investigadores estudiaron específicamente la niebla de radiación, formada en noches tranquilas cuando el vapor de agua se condensa cerca del suelo.

Este tipo de niebla resulta estable y predecible, lo que permitió a los científicos realizar observaciones precisas y comparaciones confiables en condiciones controladas de campo.

Un ecosistema microscópico activo

Los resultados evidenciaron que menos del uno por ciento de las gotas contenía bacterias, pero su enorme cantidad genera concentraciones microbianas sorprendentemente altas.

Según el estudio, una muestra de agua de niebla del tamaño de un dedal puede albergar alrededor de diez millones de bacterias activas.

El investigador Ferran García-Pichel explicó que, al sumar todas las gotas, la concentración bacteriana es comparable a la existente en océanos, destacando su magnitud inesperada.

Observaciones microscópicas demostraron que las bacterias no permanecen inactivas, sino que crecen y se dividen, confirmando que la niebla funciona como hábitat biológico.

Este hallazgo implica un cambio de mentalidad científica, al considerar la niebla no solo como transporte de microorganismos, sino como entorno activo para su desarrollo.

Impacto ambiental y aplicaciones futuras

Entre las bacterias identificadas, destacan las metilobacterias, capaces de consumir compuestos como el formaldehído, un contaminante común presente en la atmósfera.

Los experimentos demostraron que estas bacterias reducen rápidamente dicho compuesto, utilizándolo como fuente de energía y transformándolo en dióxido de carbono menos perjudicial.

Este proceso sugiere que la niebla podría contribuir naturalmente a disminuir contaminantes atmosféricos, generando un impacto positivo en la calidad del aire.

Sin embargo, el hallazgo también plantea interrogantes sobre tecnologías que capturan niebla para obtener agua potable, consideradas soluciones sostenibles en regiones áridas.

Los investigadores advierten que eliminar estas bacterias podría tener efectos desconocidos, por lo que recomiendan evaluar cuidadosamente sus implicaciones antes de implementar dichas prácticas.

Nuevas preguntas sobre la atmósfera

Las implicaciones climáticas también son relevantes, ya que estas bacterias podrían influir en reacciones químicas dentro de las nubes, incluso durante la noche.

El coautor Pierre Herckes señaló que la actividad bacteriana nocturna podría ser clave para comprender procesos atmosféricos aún poco estudiados en modelos climáticos actuales.

El descubrimiento abre nuevas interrogantes sobre qué tipos de bacterias habitan distintas nieblas, cómo se alimentan y cómo varían según regiones geográficas específicas.

Los expertos reconocen que el estudio de la actividad biológica en nubes es relativamente reciente, por lo que aún existen numerosas incógnitas pendientes por resolver.

La próxima vez que la niebla cubra el entorno, recuerde que no es solo vapor suspendido, sino un ecosistema microscópico activo que transforma nuestra comprensión del aire.

FUENTE: DW

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