El comercio regresó, la zona cero comienza a transformarse y el juicio contra los propietarios de Vidal Plast está en marcha, pero familiares, comerciantes y residentes aún conviven con las consecuencias de la tragedia de agosto de 2023. Así lo recoge un trabajo publicado por Abraham Marmolejos, en Acento.
El centro de San Cristóbal recuperó gran parte de su ritmo. Las calles volvieron a llenarse, numerosos negocios reabrieron y en el lugar asociado a la explosión del 14 de agosto de 2023 se desarrolla ahora un proyecto de parqueo municipal. Pero reconstruir una ciudad no equivale necesariamente a cerrar una tragedia.

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A pocos días del tercer aniversario de la explosión de San Cristóbal, las señales de lo ocurrido todavía aparecen tanto en las edificaciones como en la vida de quienes permanecieron en la zona. Paredes afectadas, locales que necesitaron grandes reparaciones y comerciantes endeudados forman parte de una recuperación que continúa incompleta.
El impacto humano es todavía mayor. La tragedia dejó 38 fallecidos y decenas de heridos, además de nueve edificios destruidos. Detrás de esas cifras quedaron familias, compañeros de trabajo y vecinos cuya ausencia transformó la vida cotidiana del antiguo Mercado Viejo.
La justicia también forma parte de la recuperación
Casi tres años después del desastre, el proceso penal entró en una nueva etapa. El 22 de mayo de 2026 comenzó ante el Tribunal Colegiado de San Cristóbal el juicio de fondo contra los propietarios de Vidal Plast. Durante las primeras audiencias, familiares de víctimas volvieron a reclamar respuestas y responsabilidades por lo ocurrido.
El avance judicial contrasta con la rapidez con la que algunas partes del espacio físico han cambiado. Donde antes existían estructuras vinculadas al antiguo mercado ahora se prepara una obra municipal. Los comercios alrededor continúan operando y la circulación se normalizó. Sin embargo, la reconstrucción económica y emocional requiere otros tiempos.
Para algunos propietarios, la explosión significó perder mercancías, equipos y recursos acumulados durante años. Para otras familias, la pérdida fue irreversible. Por eso, el aniversario de la tragedia de San Cristóbal no se limita a recordar una fecha.
También expone las distintas dimensiones de una recuperación todavía abierta: la urbanística, que puede apreciarse en nuevas construcciones; la económica, marcada por negocios que luchan por estabilizarse; la judicial, cuyo desenlace sigue pendiente; y la humana, mucho más difícil de medir.
Tres años después, San Cristóbal ha logrado volver a moverse. Superar completamente la explosión, sin embargo, sigue siendo una tarea inconclusa.

