Durante la Semana Santa, el historiador y antropólogo Ariel Horovitz, director del Moriah International Center, viajó a Jerusalén para responder a las principales dudas de los fieles sobre los últimos días y la muerte de Jesús. En ese contexto, ofreció explicaciones desde los restos del palacio de Herodes, donde abordó el juicio previo a la Pascua y las teorías en torno al lugar de su sepultura.
A lo largo de los siglos, tanto creyentes como no creyentes han tratado de comprender cómo fueron los últimos momentos de Jesús. Según Horovitz, Jesús fue acusado de sedición por proclamarse “Rey de los Judíos”. Desde ese momento, soldados romanos y una multitud lo condujeron en medio de hostigamientos. El historiador señaló que esta escena pudo haber servido como advertencia para quienes pensaran rebelarse contra Roma.
Después de ese recorrido, conocido como la “Vía Dolorosa”, Jesús fue crucificado. Horovitz describió este acto como un proceso largo y doloroso que terminó con su muerte un viernes. Luego, en cumplimiento de la ley judía, el cuerpo fue bajado de la cruz, limpiado y envuelto en un sudario, conocido hoy como el Sudario de Turín, antes de ser sepultado.
A partir de este punto, comenzaron a surgir diferentes teorías sobre el lugar exacto de su sepultura. El experto explicó que existe un debate, principalmente entre los protestantes y el resto del mundo cristiano. Mientras que la mayoría considera que el Santo Sepulcro marca el sitio original de la crucifixión, sepultura y resurrección, los protestantes sostienen que el lugar verdadero se encuentra en el jardín de la tumba, ubicado a unos 500 o 600 metros, descubierto en el siglo XIX. Según Horovitz, esta última teoría refleja más una postura ideológica que un consenso histórico.
Además, mencionó que otros grupos han propuesto lugares como el Monte de los Olivos, Beni o el valle de Hinom. Sin embargo, ninguno de estos sitios ha ofrecido evidencia concreta. Por el contrario, la tumba de Talpiot, descubierta en Jerusalén en los años 80, sí despertó interés por sus características. En ese lugar se hallaron diez osarios, seis de ellos con nombres como Yeshu Yeshua bar Yosef (Jesús hijo de José), María y José, lo que generó especulaciones sobre una posible relación con Jesús de Nazaret.
A pesar de las coincidencias, Horovitz aclaró que la comunidad científica descartó esa posibilidad. Los nombres encontrados eran comunes en la época, y otros osarios con el nombre Jesús también han sido descubiertos. Incluso el historiador Flavio Josefo mencionó al menos 21 personas llamadas Jesús, lo que refuerza la idea de que se trataba de un nombre muy habitual.
Luego de analizar todas estas posibilidades, Horovitz redujo las opciones más serias a dos: el Santo Sepulcro y el jardín de la tumba. Respecto al primero, explicó que en el sitio hay una roca que, con algo de imaginación, parece una calavera, lo cual coincide con el término “Gólgota” que mencionan los evangelios. Sin embargo, reconoció que la erosión natural podría haber alterado el paisaje original.

Más allá de ese detalle, destacó un punto clave: la tumba señalada en ese lugar es anterior a la época de Jesús. Específicamente, data de los siglos VII u VIII antes de Cristo, lo cual contradice el relato bíblico que afirma que la tumba de Jesús era nueva.
Aun así, Horovitz considera que el Santo Sepulcro es la opción más probable. Para apoyar su afirmación, citó argumentos históricos como su ubicación fuera de la ciudad, en línea con las costumbres funerarias de la época. También mencionó que un obispo antiguo habló de una piedra sobresaliente en ese lugar, que identificó como la tumba de Cristo.
Finalmente, señaló que aunque no se puede afirmar con total certeza que el Santo Sepulcro sea la tumba de Jesús, sí existe una alta probabilidad. Según sus palabras, “es muy probable, por todos los argumentos que mencioné”.

