En vísperas del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se celebra este miércoles 2 de abril, los expertos están comenzando a tratar el autismo como una verdadera pandemia debido al creciente número de diagnósticos en las últimas décadas. Según el médico psiquiatra infantojuvenil Christian Plebst, el aumento en los diagnósticos no puede explicarse únicamente por avances en la detección, sino que refleja un fenómeno social y biológico de gran magnitud.
Plebst señaló que en los años 90, la tasa de diagnóstico era de 1 niño con autismo por cada 2,500, mientras que hoy se estima que es de 1 en 36. «Este aumento no puede ser explicado solo por una mayor conciencia o mejores diagnósticos, algo más está ocurriendo», afirmó el especialista. Para él, el autismo debe ser entendido como un síndrome conductual dinámico, no como una condición fija o de origen únicamente biológico. «Hoy en día, lo que llamamos autismo es el resultado de una combinación de causas biológicas, genéticas, congénitas, ambientales y sociales», añadió.
El autismo se manifiesta cuando el cerebro de un niño no logra integrar y procesar adecuadamente las experiencias sensoriales y cognitivas. Según Plebst, el niño con autismo no está «fallado», sino que está mostrando dificultades para organizar las experiencias del mundo que lo rodean, un fenómeno que es más visible durante los primeros años de vida.
Un factor clave en este proceso, según el especialista, es el entorno. El uso excesivo de pantallas desde una edad temprana, la falta de contacto físico y la ausencia de movimiento libre son factores que afectan negativamente el desarrollo infantil. «El bebé necesita aprender a través de la experiencia corporal, no solo a través de estímulos visuales pasivos como los que proporcionan las pantallas», señaló.
El diagnóstico del autismo también resulta objeto de críticas, ya que los tratamientos estándar y las herramientas diagnósticas simplificadas no siempre comprenden las particularidades de cada niño. «Lo que se necesita no es tratar al niño con un enfoque rígido, sino acompañarlo en su proceso de aprendizaje a su propio ritmo», expresó Plebst.
El especialista también destacó la importancia de la inclusión educativa, señalando que este tipo de inclusión no solo es un derecho, sino una herramienta terapéutica fundamental para los niños con autismo.
Según Plebst, la comunidad y el entorno en el que se cría al niño juegan un papel esencial en su desarrollo. «La crianza en comunidad es fundamental. Los niños con autismo deben aprender con todos los demás, con los ajustes necesarios a sus necesidades particulares», concluyó.
Con el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo a la vuelta de la esquina, Plebst hizo un llamado a la sociedad para comprender el autismo más allá del diagnóstico médico. «Es un fenómeno social que nos interpela a todos. Necesitamos menos etiquetas, más comprensión y más comunidad», concluyó.
Este 2 de abril, y todos los días, el autismo debe tratarse como un tema que nos afecta como sociedad, exigiendo un enfoque integral que contemple tanto la atención clínica como el acompañamiento social y comunitario.

