Jonathan Sánchez, de Las Matas para el mundo

Redacción: Néstor Estévez
Jonathan Sánchez, de Las Matas para el mundo

Por Néstor Estévez

Jonathan Sánchez habla con la misma naturalidad con la que moldea el barro. Su anécdota favorita, la que repite en cada charla, es el momento en que su padre le señaló un dibujo infantil y le reveló que un primo suyo –el pintor Mariano Sánchez– vivía de aquello que él hacía por puro instinto.

Él cuenta que fue una especie de bautismo artístico: a los ocho años ya levantaba figuras de barro, copiaba cómics y calculaba proporciones sin conocer el término “canon”. Cuando por fin puso un pie en la Escuela de Bellas Artes, Jonathan descubrió que la teoría coincidía con lo que su cuerpo sabía de forma orgánica. “Yo llegué con el lápiz afilado –dice entre risas–: solo necesitaba que nombraran lo que ya practicaba”.

El apoyo familiar

Crecer en un hogar de maestros también dejó huella. Sus padres lo animaban a mostrar cada dibujo como si se tratara de una galería o un museo. Ese sentido de reto permanente explica la fascinación de Jonathan por la escultura: “Pintar es planificar; esculpir es pelear con la gravedad”.

Jonathan confiesa que sentía la necesidad de crear una obra para Orlando.

La figura humana es su campo de ensayo preferido. Modela cada músculo como si documentara su propia anatomía, convencido de que entender el cuerpo es comprender la totalidad del ser. No hay ego en esa afirmación, solo es la expresión de alguien movido por la curiosidad: “Trabajo con lo que mejor conozco: mi cuerpo”.

El feedback del público completa el circuito creativo. Jonathan describe la primera vez que un extraño compró una pieza suya: “Sentí el mismo vértigo que cuando me asomé de niño a la pizarra para resolver un problema”. Desde entonces concibe el arte como un legado tangible, una forma de apoyar a generaciones que tal vez nunca conocerá. Repite que no persigue la eternidad; su motor es “cumplir con la tarea” que la vida le asignó. Quizá por eso firma discretamente, colocando el nombre en lugares poco visibles. Confía en que la obra hable más alto que la firma.

Arte por el mundo

Su catálogo ya cruza fronteras: hay piezas en Estados Unidos, Italia y, por supuesto, en su natal Las Matas de Farfán. Cada envío al exterior lo celebra como una extensión de su propio territorio. “Donde vaya mi escultura voy yo”, asegura, consciente de que, aunque su taller permanezca anclado al Caribe, su imaginario camina sobre otras tierras y en otros idiomas.

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