Así es como se puede ser más atractivo, según la ciencia

Redacción: Fuente Externa
Así es como se puede ser más atractivo, según la ciencia

Desde el vendado de pies en la China imperial hasta el ennegrecimiento de dientes en el Japón tradicional, pasando por los cráneos alargados de los antiguos mayas, la historia demuestra que los estándares de belleza han adoptado formas extraordinariamente diversas. 

Como explica la Dra. Veronica Lamarche, catedrática de psicología de la Universidad de Essex, a BBC Science Focus: «el atractivo es, en cierto modo, una experiencia subjetiva». En otras palabras, lo que resulta irresistible para unos puede parecer extraño a otros.

No obstante, detrás de esta aparente arbitrariedad cultural, la ciencia moderna ha comenzado a desentrañar patrones universales que trascienden lo que percibimos en el espejo. Así que olvidémonos de los filtros de Instagram y las cremas milagrosas, ya que la ciencia tiene buenas noticias: el atractivo va mucho más allá del aspecto físico y, en gran medida, está en nuestras manos.

No es (solo) la cara bonita

Comencemos por lo más evidente: una cara bonita. Aunque la belleza facial sigue teniendo un peso considerable en la primera impresión, los estudios más recientes matizan significativamente su influencia.

Un análisis global de más de 1.500 rostros de 10 países distintos –publicado el año pasado en Evolution and Human Behavior– concluyó que la simetría, en contra de lo que se pensaba, no es un predictor significativo del atractivo. Lo que sí importa es que el rostro tenga proporciones cercanas a la media de su grupo cultural y, en el caso de las mujeres, una mayor «feminidad facial». Lo curioso es que cuanto más «común» se ve un rostro dentro de su entorno, más atractivo resulta. La singularidad extrema, paradójicamente, restaría puntos.

Y aunque el físico sigue teniendo cierto valor, sobre todo en entornos sociales inmediatos, su importancia tiende a relativizarse. Según aseguró el psicólogo Ed Morrison a BBC Science Focus, las mujeres, en general, priorizan más los rasgos de personalidad que el aspecto físico per se, mientras que los hombres tienden a valorar más lo visual.

Desde el vendado de pies en la China imperial hasta el ennegrecimiento de dientes en el Japón tradicional, pasando por los cráneos alargados de los antiguos mayas, la historia demuestra que los estándares de belleza han adoptado formas extraordinariamente diversas. 

Como explica la Dra. Veronica Lamarche, catedrática de psicología de la Universidad de Essex, a BBC Science Focus: «el atractivo es, en cierto modo, una experiencia subjetiva». En otras palabras, lo que resulta irresistible para unos puede parecer extraño a otros.

No obstante, detrás de esta aparente arbitrariedad cultural, la ciencia moderna ha comenzado a desentrañar patrones universales que trascienden lo que percibimos en el espejo. Así que olvidémonos de los filtros de Instagram y las cremas milagrosas, ya que la ciencia tiene buenas noticias: el atractivo va mucho más allá del aspecto físico y, en gran medida, está en nuestras manos.

No es (solo) la cara bonita

Comencemos por lo más evidente: una cara bonita. Aunque la belleza facial sigue teniendo un peso considerable en la primera impresión, los estudios más recientes matizan significativamente su influencia.

Un análisis global de más de 1.500 rostros de 10 países distintos –publicado el año pasado en Evolution and Human Behavior– concluyó que la simetría, en contra de lo que se pensaba, no es un predictor significativo del atractivo. Lo que sí importa es que el rostro tenga proporciones cercanas a la media de su grupo cultural y, en el caso de las mujeres, una mayor «feminidad facial». Lo curioso es que cuanto más «común» se ve un rostro dentro de su entorno, más atractivo resulta. La singularidad extrema, paradójicamente, restaría puntos.

Y aunque el físico sigue teniendo cierto valor, sobre todo en entornos sociales inmediatos, su importancia tiende a relativizarse. Según aseguró el psicólogo Ed Morrison a BBC Science Focus, las mujeres, en general, priorizan más los rasgos de personalidad que el aspecto físico per se, mientras que los hombres tienden a valorar más lo visual.

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