Buen pan o castaña de masa: tesoro agroforestal de RD

Redacción: Fuente Externa
Buen pan o castaña de masa: tesoro agroforestal de RD

La castaña de masa, también llamada buen pan, está dejando de ser una fruta silvestre para convertirse en motor de cambio en comunidades rurales de República Dominicana. Su valor trasciende la mesa: es alimento, fuente de ingresos y herramienta de reforestación. Con una creciente demanda local e internacional, este cultivo se perfila como un eje estratégico para la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible del país.

Wellington Martínez, productor y líder de proyectos agrícolas, resalta que el fruto representa una respuesta tangible a los retos del presente: altos precios de insumos, necesidad de empleos dignos y la urgencia de restaurar suelos degradados. Su empresa, Momagra, maneja siete iniciativas que emplean a unas 50 personas, apostando por la castaña como cultivo principal. El desafío actual es el costo inicial: cada planta cuesta RD$400. Por eso, el sector agrícola espera que continúe el programa estatal de donaciones a través de Biovega, que ha facilitado la expansión de este cultivo.

El potencial productivo es significativo: un solo árbol puede generar hasta 600 libras por cosecha. A RD$10 la libra, eso convierte a la castaña en una fuente de ingresos estables y de acceso fácil para los consumidores. Su rendimiento estimado por tarea cultivada alcanza los RD$50,000 anuales, con beneficios tanto para la economía del productor como para la alimentación de las familias, que pueden compartir una fruta de tres libras en una sola comida.

Más allá de lo económico, la castaña se integra al paisaje como cultivo agroforestal, ayudando a retener humedad y proteger cuencas hidrográficas. Pedro Pilier, agricultor de Higüey, es ejemplo de cómo una iniciativa de reforestación puede transformarse en un modelo de producción rentable. Lo que comenzó como una acción ambiental, con asesoría técnica y esfuerzo, se convirtió en una fuente de orgullo y sustento.

Este impulso también se extiende a los emprendimientos comunitarios, especialmente liderados por mujeres. En lugares como San Cristóbal y Samaná, muchas han encontrado en los derivados de la castaña una vía para emprender con bajo capital. Desde jabones artesanales hasta pasteles en hoja, la creatividad se abre paso con productos que conectan tradición, salud y sostenibilidad.

El buen pan no es solo un alimento: es símbolo de resiliencia, innovación y futuro. Con apoyo institucional y visión de largo plazo, su impacto puede escalar a nivel nacional, fortaleciendo tanto la economía rural como el medio ambiente.

Tomado de El Dinero (Mariel Alcántara).

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