Ocho años después de la adopción del Acuerdo de París, el 12 de diciembre de 2015, especialistas consultados coinciden en que, pese a los compromisos asumidos y a ciertos avances normativos, América Latina y el Caribe aún enfrentan grandes desafíos para reducir sus emisiones y transformar sus modelos productivos. El análisis llega tras la reciente COP30, realizada en noviembre en Belém, Brasil, cuyo resultado fue considerado insuficiente por varios actores climáticos.
Avances en gobernanza climática
El experto Ramón Cruz señala que, aunque el progreso se ha visto afectado por la falta de liderazgo y cooperación internacional, el proceso multilateral sigue siendo un espacio clave para impulsar acción climática.
Por su parte, Ingrid Hausinger, de la Fundación Heinrich Böll, afirma que el Acuerdo de París impulsó avances en la región, incluidos marcos legales de cambio climático, planes nacionales y sistemas de medición antes inexistentes o muy débiles.
Casos como Argentina, que aprobó su Ley de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación en 2019 y elaboró su Plan Nacional al 2030, evidencian ese progreso. En Chile, el Acuerdo aceleró decisiones clave como la aprobación de la Ley Marco de Cambio Climático (2022), el compromiso de neutralidad de carbono al 2050 y el cierre progresivo de centrales a carbón.
Cumplimiento desigual y falta de resultados
Pese a estos avances institucionales, Manuel Pulgar-Vidal, líder global de Clima y Energía de WWF, advierte que pocos países cumplen efectivamente las metas que establecieron en sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs).
A ello se suma, según Alejandro Alemán, coordinador de CANLA, que los cambios derivados del Acuerdo han sido modestos, en gran parte porque la región depende de financiamiento climático externo aún insuficiente.
Hausinger recuerda que cerca del 70 % del financiamiento climático para América Latina llega en forma de préstamos, lo que incrementa la carga de deuda de los países y limita la transformación de fondo. Aunque el Acuerdo ordenó procesos, afirma, no garantizó los recursos necesarios.
Persistencia de emisiones y dependencia fósil
Uno de los principales desafíos es que la región, pese a aportar entre el 7 % y 9 % de las emisiones globales, continúa incrementándolas, según Pulgar-Vidal. La razón principal es la dependencia de combustibles fósiles y sectores productivos intensivos en energía y uso del suelo.
En materia de avances, México presentó un plan nacional que fija por primera vez un tope absoluto de emisiones al 2035, mientras Barbados se destaca en el Caribe con una meta de reducción del 45 % para 2035 y el objetivo de electricidad 100 % renovable. Países como Costa Rica, Chile y Colombia lideran la transición eléctrica, pero persisten rezagos en agricultura, protección de ecosistemas y restauración ambiental.
Un reto político más que técnico
Para Hausinger, el principal desafío actual no es tecnológico, sino político, agravado por el avance de discursos negacionistas en la región. La incapacidad de desacoplar desarrollo económico, energía y uso del suelo impide una trayectoria clara hacia la descarbonización.
Fuente: DW.

