¿Son realmente parientes la papa y el tomate? La ciencia aclara este difundido mito culinario
Aunque en el plato parezcan de mundos distintos, la papa y el tomate comparten un «apellido» botánico y un ancestro común en los Andes. No, una no es hija de la otra, pero sí son primas cercanas en el reino vegetal.
En cocinas, mercados y conversaciones populares, a menudo surge una pregunta curiosa: ¿qué tan cercanos son realmente la papa y el tomate? Algunos incluso se aventuran a decir que «la papa es hija del tomate». Si bien esta afirmación no es literalmente cierta, un vistazo a la botánica revela un fascinante parentesco que une a dos de los ingredientes más importantes de la gastronomía mundial.
La ciencia es clara: la papa (Solanum tuberosum) y el tomate (Solanum lycopersicum) son miembros de la misma familia botánica, las solanáceas. Esta ilustre familia incluye a otros conocidos de la huerta como la berenjena, los pimientos (o ajíes) y hasta el tabaco.
Pero su conexión es aún más profunda. Ambos pertenecen al mismo género, Solanum, lo que en términos evolutivos los convierte en algo así como «especies hermanas».
«Pertenecer al mismo género implica un grado de parentesco sumamente estrecho», explica un estudio filogenético publicado en la revista PhytoKeys. La investigación, liderada por el botánico Tiina Särkinen, rastreó el origen de ambas especies hasta un ancestro común que habitó la región de los Andes hace aproximadamente 7.8 millones de años. Desde entonces, cada una siguió su propio camino evolutivo para convertirse en los vegetales que conocemos hoy.
Un experimento que confirma el lazo familiar
La prueba más asombrosa de su cercanía genética no está en un laboratorio, sino en un curioso experimento de jardinería. Debido a su compatibilidad, es posible injertar una planta de tomate en el tallo de una de papa. El resultado, conocido comercialmente como «TomTato» o «Pomato», es una planta híbrida que desafía la imaginación: produce jugosos tomates cherry en sus ramas y papas en sus raíces.
Este fenómeno, que parece sacado de una novela de ciencia ficción, es la demostración perfecta de que, aunque no son madre e hija, sus lazos de sangre vegetal son innegables.
Así que la próxima vez que prepare una salsa de tomate para acompañar unas papas fritas, recuerde que no solo está combinando sabores, sino reuniendo a dos primas lejanas que compartieron un origen común en las montañas de Sudamérica hace millones de años. El mito popular queda aclarado, pero la realidad científica resulta ser aún más interesante.

