San Juan marca el camino del desarrollo sostenible

Redacción: Por la Línea
El agua, la vida y nuestra tierra valen más que el oro

Este colaborador pasa revista a la reciente experiencia de San Juan en defensa del agua y su potencial para inspirar desarrollo sostenible

Por Andrés Peralta Gómez*

El domingo 3 de mayo de 2026, San Juan de la Maguana se vistió de unidad. Miles de personas, de todas las edades, profesiones y creencias, caminaron por las calles y carreteras de la provincia con una sola consigna: “El agua no se vende, la Cordillera Central se defiende”. Esa movilización masiva, que reunió a campesinos, maestros, médicos, religiosos, jóvenes y ancianos, marcó un antes y un después en la historia de la República Dominicana.

Poco después, el gobierno anunció la paralización inmediata de los trabajos del proyecto minero de Romero, abriendo un debate nacional sobre qué valoramos más: la extracción de recursos de corto plazo o la supervivencia, la cultura y el desarrollo sostenible de nuestra nación. Esta lucha no fue solo una protesta contra una actividad económica, sino un proceso que ha dejado enseñanzas profundas desde las dimensiones social, cultural, sociológica y antropológica, y que se ha convertido en un referente tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Una alianza que demostró la fuerza de la convergencia

Lo que hizo única a esta resistencia fue la capacidad de construir una alianza sólida e incluyente, que rompió barreras tradicionales y mostró que la defensa del territorio es una causa común. La organización civilizada, formada por grupos comunitarios, gremios profesionales, asociaciones de productores y movimientos sociales, fue el eje articulador de la resistencia.

Pero su fuerza se multiplicó cuando se sumaron otros sectores fundamentales:

– El movimiento ambiental. Aportó conocimientos técnicos, estudios científicos y evidencia sobre los riesgos que la minería representa para las cuencas hidrográficas, los suelos y la biodiversidad. Demostró que la defensa del medio ambiente no es un asunto de ideología, sino de supervivencia.

– Las iglesias. Desde una postura de respeto a la vida y a la dignidad humana, se sumaron a la causa, llamando a la comunidad a cuidar la creación y a rechazar cualquier actividad que ponga en riesgo el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Su presencia dio un valor ético y moral a la lucha, abarcando a familias y personas de distintas convicciones religiosas.

– La Academia de Ciencias. A través de sus investigaciones, confirmó que la Cordillera Central es el sistema montañoso que abastece de agua a más del 85% de la población dominicana, y que cualquier actividad extractiva en sus nacientes pone en peligro la seguridad hídrica, alimentaria y energética de todo el país. Su respaldo dio legitimidad científica a las reivindicaciones de la comunidad.

Esta convergencia demostró que cuando se unen saberes, valores y organizaciones, es posible generar una fuerza capaz de incidir en las decisiones públicas y de cambiar el rumbo de políticas que ponen en riesgo el bien común.

Lecciones aprendidas desde distintas dimensiones

Defensa del la Cordillera Central en San Juan

Generada con IA

Perspectiva social: el agua como bien común y derecho humano

Desde el punto de vista social, la lucha de San Juan reafirmó que el agua no es una mercancía, sino un derecho humano fundamental y un bien común que pertenece a toda la sociedad. Durante décadas, se ha intentado presentar el modelo extractivista como la única vía para el progreso, prometiendo empleos e ingresos que nunca se han cumplido en su totalidad, mientras se ponía en riesgo la base productiva y la calidad de vida de las comunidades.

La experiencia enseñó que el desarrollo no se mide solo por indicadores económicos de corto plazo, sino por la capacidad de garantizar condiciones dignas de vida para todos. En San Juan, la agricultura es la actividad que sustenta a miles de familias y que abastece al país de alimentos, y la protección del agua se convirtió en una forma de proteger el empleo, la alimentación y la estabilidad social. La movilización mostró que cuando la población toma conciencia de sus derechos y se organiza, puede defender sus intereses colectivos frente a intereses económicos que buscan beneficios individuales a costa del bienestar general.

Perspectiva cultural: la identidad y el territorio como patrimonio

Desde el punto de vista cultural, la lucha resaltó la profunda relación que existe entre el pueblo y su territorio. Para las comunidades de San Juan, la tierra, los ríos y las montañas no son solo recursos naturales, sino parte de su identidad, su historia y sus tradiciones. Durante generaciones, los habitantes de la provincia han construido formas de vida, conocimientos y prácticas que se han transmitido de padres a hijos, basadas en el respeto a la naturaleza y en el aprovechamiento responsable de sus recursos.

La amenaza de la minería no solo ponía en riesgo el medio ambiente, sino también la forma de vida, las costumbres y la memoria histórica del pueblo. Al defender el agua y la Cordillera Central, se estaba defendiendo la propia cultura. Esta lección es fundamental: cuidar el territorio es cuidar la identidad de un pueblo, y cualquier proyecto que amenace esa relación es una amenaza a la propia existencia de la comunidad.

Perspectiva sociológica: la organización como herramienta de transformación

Desde el enfoque sociológico, la experiencia de San Juan demostró que la organización social es el motor del cambio. No se logró nada por casualidad; todo fue resultado de la planificación, la comunicación, la participación y la solidaridad. La construcción de redes entre distintos grupos, la distribución de tareas, la educación de la comunidad y la capacidad de expresar sus reivindicaciones de manera pacífica y firme fueron elementos clave para lograr el éxito.

Se aprendió que la resistencia no es una oposición ciega, sino una forma de participación ciudadana que exige diálogo, información y responsabilidad. Además, se evidenció que cuando las comunidades están informadas y unidas, tienen la capacidad de incidir en las políticas públicas y de hacer valer sus derechos ante el Estado y ante los actores económicos. La lucha mostró que la democracia se fortalece cuando la sociedad civil participa activamente en los asuntos que le conciernen.

Perspectiva antropológica: el conocimiento ancestral y la relación con la naturaleza

Desde la visión antropológica, la lucha puso en valor los saberes y prácticas tradicionales que han permitido a las comunidades vivir en armonía con el entorno durante siglos. Los conocimientos sobre las cuencas hidrográficas, los ciclos de la naturaleza, las formas de cultivo y el uso responsable de los recursos, que han sido transmitidos de generación en generación, se convirtieron en herramientas fundamentales para entender los riesgos y para proponer alternativas de desarrollo.

Esto nos enseñó que no es necesario elegir entre modernidad y tradición; al contrario, el conocimiento ancestral puede aportar soluciones válidas y sostenibles para los retos actuales. La defensa del agua también es una forma de reivindicar la sabiduría de los pueblos y de reconocer que las formas de vida basadas en el respeto a la naturaleza son no solo válidas, sino necesarias para garantizar la vida en el planeta.

Un ejemplo nacional y una referencia internacional

La victoria de San Juan, que logró que el gobierno ordenara la paralización de los trabajos mineros, ha transformado el escenario nacional. Hoy en día, la lucha por el agua y contra la minería extractiva se ha convertido en una causa común para muchas comunidades del país, que ven en esta experiencia una referencia de cómo se puede defender el territorio y los derechos colectivos. Se ha abierto un debate nacional sobre qué modelo de desarrollo queremos para la República Dominicana, y se ha puesto de manifiesto que el interés general está por encima de los intereses particulares.

A nivel internacional, la experiencia de San Juan ha llamado la atención de organizaciones ambientales, académicos y movimientos sociales de distintos países. Es un ejemplo de cómo, en contextos donde se promueven modelos económicos que ponen en riesgo los recursos naturales, las comunidades pueden unirse, combinar saberes y organizarse para defender su futuro. Comparte características con luchas que se desarrollan en América Latina, África y otras regiones del mundo, donde pueblos y comunidades se resisten a la explotación de sus recursos naturales y defienden el derecho a vivir en un ambiente sano y sostenible.

La lucha continúa: la muralla de los movimientos sociales

La decisión de paralizar los trabajos mineros es un logro importante, pero la defensa del agua y de la Cordillera Central no termina ahí. La lucha ha demostrado que los movimientos sociales son verdaderas murallas frente a la pérdida de derechos y frente a las políticas que ponen en riesgo el bienestar de la población. Nos ha enseñado que no debemos esperar a que los problemas lleguen para actuar, sino que debemos estar atentos, organizados y dispuestos a defender lo que es nuestro.

Frente a las dificultades, las presiones y las estrategias que buscan deslegitimar la causa o sembrar divisiones, la respuesta de San Juan y de quienes se sumaron a su lucha fue la unidad, el diálogo y la propuesta de alternativas. No se dedicaron a generar odio, sino a construir puentes entre sectores, a intercambiar conocimientos y a buscar formas de desarrollo que sean justas y sostenibles.

Esta es la lección más importante: cuando nos unimos, cuando valoramos lo que nos une por encima de lo que nos separa, y cuando defendemos los derechos y el bien común, somos capaces de transformar la realidad y de construir un futuro mejor para todos.

San Juan de la Maguana nos ha enseñado que el agua es vida, que el territorio es patrimonio de todos y que la defensa de lo que nos pertenece es un deber de cada generación. Que esta experiencia sirva para abrir los ojos de toda la sociedad dominicana y para inspirar a nuevos movimientos que, con amor, organización y unidad, sigan construyendo un país más justo, más equitativo y más respetuoso con la naturaleza y con la dignidad humana.

¡El agua se defiende, el futuro se construye, juntos!

* Andrés Peralta Gómez es productor agroecológico, trabajador social, ambientalista y presidente de Hagroeca Jungla Verde.

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