¿Será Pedernales un ejemplo de turismo sostenible o un nuevo caso de expansión acelerada con altos costos sociales y ambientales?
El debate sobre el turismo en Pedernales vuelve a encenderse. Lo que inicialmente presentaron como un modelo de desarrollo sostenible en República Dominicana, hoy muchos residentes lo perciben como un giro hacia el turismo masivo, con señales de exclusión y restricciones de acceso a espacios tradicionalmente públicos.
En la provincia de Pedernales, ubicada en el suroeste del país, la promesa era clara: impulsar un destino de bajo impacto ambiental, integrado a la comunidad y respetuoso de los ecosistemas protegidos. Sin embargo, sectores locales denuncian que el proyecto estaría evolucionando hacia un esquema de gran escala, con infraestructura orientada a grandes flujos de visitantes y operadores externos. El tema lo trata el periodista pedernalense Tony Pérez en un trabajo publicado en el periódico Acento.
Uno de los puntos más sensibles es el acceso a playas emblemáticas como Cabo Rojo y la cercana Bahía de las Águilas, considerada una de las más vírgenes del Caribe. Habitantes afirman que se han impuesto restricciones de entrada en áreas donde tradicionalmente acudían las familias locales, lo que ha generado preocupación por una posible privatización de espacios costeros.
Inquietud en aumento
La inquietud aumenta al tratarse de zonas vinculadas al Parque Nacional Jaragua, un área protegida de alto valor ecológico. Ambientalistas y residentes temen que el impulso a la inversión turística termine debilitando los criterios de conservación que históricamente han resguardado estos ecosistemas.
Además del componente ambiental, existe una dimensión social. Agricultores y pequeños comerciantes cuestionan si el modelo actual garantizará una distribución equitativa de beneficios económicos o si, por el contrario, consolidará un esquema concentrado en grandes capitales. La percepción de exclusión alimenta el malestar.
El desarrollo turístico en Pedernales representa una oportunidad histórica para dinamizar la economía local, pero también un desafío: equilibrar crecimiento, conservación y participación comunitaria. El futuro del destino dependerá de que se mantenga el acceso público a las playas, se protejan las áreas naturales y se asegure que la población local no quede al margen del progreso.
El debate está abierto: ¿será Pedernales un ejemplo de turismo sostenible en el Caribe o un nuevo caso de expansión acelerada con altos costos sociales y ambientales?
Fuente: Acento.

