La próxima dictadura

Redacción: Por la Línea
¿Por qué Alaska?

En La próxima dictadura, este colaborador advierte mediante cierto paralelismo entre Venezuela y República Dominicana

Por Lony Fernández Álvarez

Disfrutar de una buena comedia siempre ha sido uno de mis placeres, especialmente del stand-up comedy, que en los últimos años ha ganado gran popularidad en Santo Domingo. Sin embargo, mucho antes de que esto se pusiera de moda y de la llegada de la pandemia, solía pasar horas en YouTube buscando presentaciones de comediantes de diferentes partes del mundo. En una de esas búsquedas, descubrí a Laureano Márquez, un destacado comediante venezolano muy conocido en Caracas.

Lo que más me llamó la atención de sus monólogos fue su habilidad para comparar la cultura venezolana con la estadounidense y la europea, siempre con un toque de humor que resaltaba esas peculiaridades que compartimos los latinoamericanos y que solo nosotros entendemos.

Mientras lo escuchaba, me sorprendía la similitud entre muchas de las situaciones que describía sobre Venezuela y las que vivimos en República Dominicana. Esto despertó mi curiosidad y me llevó a reflexionar sobre las semejanzas entre ambas sociedades. Desde mi perspectiva, no hay dos culturas que se parezcan tanto en el mundo como la venezolana y la dominicana.

Realidades paralelas

Como observador curioso de la historia, al analizar la Venezuela de la década de los 90, es evidente cómo la corrupción y la desconfianza política predominaban, creando el terreno propicio para el surgimiento, en 1998, de figuras como Hugo Chávez. Con un discurso populista que logró cautivar a las masas venezolanas, Chávez marcó el inicio de uno de los regímenes dictatoriales más notorios de América Latina, que hoy continúa bajo el liderazgo de Nicolás Maduro.

Aunque las circunstancias actuales tienen diferencias en tiempo, tecnología y ciertos aspectos culturales, los mismos ingredientes parecen estar presentes en la sociedad dominicana actual: corrupción y desconfianza política. Aquí, nadie cree en nadie, y cada quien busca hacer lo que mejor le convenga, fortaleciendo un individualismo social que responde a una filosofía de sobrevivencia basada en el “¿cuánto hay pa’ mí?” y el “¿con quién hay que hablar?”. Este escenario ha dado pie a lo que podría considerarse una anarquía democrática, similar a la que vivía Caracas en los años 90.

Este artículo no pretende convencer a nadie. Los hechos y la realidad no necesitan explicaciones: el descontento nacional hacia nuestros políticos es evidente. Esto se refleja claramente en el sentir popular, resumido en la frase común entre los dominicanos: “todos los políticos son iguales”.

Falta de interés

La falta de interés ciudadano quedó plasmada en las elecciones nacionales de 2024, donde la abstención superó ampliamente el 40%. Como bien dijo el reconocido artista mexicano Juan Gabriel: “lo que está a la vista no se pregunta”.

El presidente Luis Abinader cometió un error estratégico el día de las elecciones, cuando, al aceptar públicamente los resultados de su reelección, anunció a viva voz que este sería su último mandato. Además, destacó que sería el primer presidente dominicano en no modificar la Constitución para prolongarse en el poder. Sin embargo, quienes conocen aunque sea un poco de política de colmado saben que quien ostenta el poder nunca debe declarar que lo dejará. En el momento en que lo hace, comienzan los “juegos del hambre” en la lucha por controlar el Estado dominicano.

Esta situación se ha hecho evidente con los ataques cada vez más feroces de la oposición y el abandono de muchos funcionarios de sus responsabilidades en el gobierno. Esto ha dejado al presidente Abinader prácticamente solo en la gestión del Estado. A tan solo seis meses de iniciado su nuevo mandato, ya es un hecho evidente para todos los dominicanos: el presidente está solo.

Entre amigos

En conversaciones con amigos sobre las elecciones de 2024, siempre resalté que en esa contienda no se buscaba quién sería el próximo presidente; eso era una realidad cantada con la reelección de Luis Abinader, como finalmente ocurrió. Lo verdaderamente importante del 2024, señalé, radicaba en quién quedaría en segundo lugar. Ese partido, decía, será el que definirá al próximo presidente de la República Dominicana en 2028.

Es de conocimiento público, y así lo confirma la Junta Central Electoral en su boletín final de las elecciones presidenciales de mayo de 2024, que el partido que obtuvo la segunda mayor cantidad de votos fue la Fuerza del Pueblo. Y sí, de este partido saldrá el próximo presidente, y posiblemente el próximo dictador, quien asumirá el poder el 16 de agosto de 2028. ¿Qué me lleva a ser tan categórico?

¿Propiciando dictadura?

Primero, el desgaste político natural que enfrentan los partidos en el poder, una realidad que ya comienza a afectar al Partido Revolucionario Moderno (PRM). A esto se suma la dificultad de seleccionar un nuevo liderazgo para encabezar la candidatura presidencial del partido gobernante, un proceso que inevitablemente debilitará aún más al PRM. Estas circunstancias abren de par en par las puertas a una segunda vuelta electoral en 2028.

Un factor adicional será el desempeño del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Si logra superar el 10% del electorado, la segunda vuelta será prácticamente un hecho, llevándonos a elecciones en junio de 2028.

Ante este panorama, y con la realidad de que el candidato de la Fuerza del Pueblo será el Dr. Leonel Antonio Fernández Reina, es previsible que los peledeístas apoyen de manera natural a Fernández. Esto allanará su camino hacia un nuevo mandato presidencial a partir de 2028. Sin embargo, es probable que Fernández no deje la presidencia a menos que sea por la fuerza, por muerte o, como muchos especulan, heredándosela a su hijo, Omar Fernández.

Sí, algunos se reirán al leer esto; otros dirán que las condiciones no están dadas. Pero quienes piensan así olvidan que vivimos en una anarquía democrática, con todos los elementos necesarios para que alguien que conoce los golpes del poder, tras estar 16 años fuera de él, no lo deje escapar a menos que pueda garantizar su continuidad, y eso solo lo asegura su hijo.

¿Ficción o realidad? Mientras muchos se pierden en el individualismo colectivo que reina en Santo Domingo o en los chismes de barrio propagados por nuestros influencers, les advierto: en 2025, Leonel sigue anhelando el poder, con el mismo deseo ferviente con que Gollum ansiaba recuperar el anillo.

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Dolly Thamarah Genoveva Lora Arias 29 de enero de 2025 - 1:32 PM

Espero, soy creyente que el Espíritu Santo iluminará a los buenos y verdaderos dominicanos para que algún grupo de senadores y diputados aprueben una Ley, en la que ningún presidente, aunque haya sido excelente: pueda re-elegirse 3 veces. Lo mucho, a veces, resulta: como no se esperaba.

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