La agricultura de América Latina y el Caribe se mantiene como un pilar económico y social, pero enfrenta limitaciones estructurales persistentes. El sector debe responder, al mismo tiempo, a la demanda de alimentos, al deterioro ambiental y a las condiciones de vida en el medio rural.
A pesar de su peso productivo, los avances no han sido suficientes para garantizar seguridad alimentaria plena. En 2024, el 28% de la población regional, unos 187,6 millones de personas, vivió algún grado de inseguridad alimentaria. Además, el 27% no logró costear una dieta saludable, según datos de la FAO (2025).
Estas cifras reflejan que el problema no se limita a la disponibilidad de alimentos. El desafío central se ubica en el acceso económico y en la calidad nutricional, aspectos estrechamente vinculados a los ingresos y al empleo rural.
Pobreza rural y rol productivo
La pobreza en las zonas rurales continúa siendo un factor determinante. De acuerdo con la CEPAL (2024), el 39% de la población rural de ALC vive en situación de pobreza. En comparación, en áreas urbanas el indicador se sitúa en 24,6%.
La agricultura concentra una parte importante del empleo rural. Por ello, su desempeño tiene un impacto directo en los ingresos familiares. Mejorar la productividad del sector resulta clave para reducir desigualdades territoriales y fortalecer la cohesión social.
Clima y sostenibilidad
El contexto climático añade presión adicional. La actividad agrícola mantiene una alta dependencia de las condiciones meteorológicas, lo que incrementa su exposición a sequías, lluvias extremas y otros eventos adversos. Estas variaciones afectan la estabilidad de la producción y los ingresos.
Ante este escenario, el crecimiento sostenible de la productividad surge como una prioridad estratégica. El objetivo es producir más, sin aumentar de forma intensiva el uso de insumos ni profundizar el impacto ambiental.
Paraguay en el contexto regional
Paraguay presenta una dependencia elevada del sector agrícola. El valor agregado del agro supera el 10% del PIB, una proporción superior a la de economías más diversificadas como Chile o México, donde el sector no alcanza el 4%.
Esta característica refuerza el vínculo entre agricultura y condiciones sociales. Una parte significativa de los medios de vida rurales depende del rendimiento del sector, lo que convierte a la productividad en un factor clave para reducir vulnerabilidad económica.
Los datos:
En términos regionales, la agricultura representa cerca del 6% del PIB, genera el 15% del empleo total y aporta el 13% de la producción agrícola mundial, según datos del Banco Mundial y FAOSTAT (2023). Sin embargo, existen marcadas diferencias entre países.
Fuente: ABC.com.py

