En el centro de la capital haitiana, Eddy Jean, quien trabaja en una barbería, relata una situación que se ha vuelto cada vez más común: los disparos.
A pesar de la violencia, tanto él como los demás en el salón no reaccionan. Las pandillas controlan más del 85% de la capital, Puerto Príncipe, y desde febrero, su dominio ha crecido, desplazando a más de 40,000 personas.
El día anterior, Jean tuvo que abandonar su lugar de trabajo cuando miembros de una banda armada fueron abatidos por la policía. Uno de los policías, un amigo suyo, también perdió la vida en el enfrentamiento. La situación en Haití sigue empeorando, con la violencia pandillera creciendo cada día más.
En un intento por restaurar el orden, una fuerza multinacional liderada por Kenia llegó a la capital en junio de 2024. Sin embargo, la falta de recursos y de efectivos ha hecho que la intervención no tenga el impacto esperado. Hasta finales de febrero, solo 857 agentes habían llegado, sin los equipos esenciales para su trabajo.
Además, la inestabilidad política contribuye a la crisis. Haití no ha celebrado elecciones en más de ocho años, y las bandas armadas han interferido en procesos electorales pasados. La situación es aún más compleja con la creciente corrupción política que alimenta la violencia.
Muchos ciudadanos no creen que las elecciones programadas para este año sean posibles, debido a la inseguridad generalizada. Las lecciones de la anterior misión de paz de la ONU, que terminó en 2019, aún están frescas en la memoria de los haitianos, quienes temen que el costo de vida y los salarios desproporcionados de los soldados internacionales empeoren aún más la situación.
El secretario general de la ONU, António Guterres, también advirtió sobre la falta de infraestructura en Haití y propuso que una misión de paz se considere solo cuando se logre un progreso significativo en la lucha contra las pandillas. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue luchando para encontrar una solución efectiva para la crisis de Haití.

