Décadas después del desastre nuclear, la naturaleza sorprende con una recuperación inesperada y desconcertante.
Ucrania.- Algo inusual ocurre en Chernóbil, donde la ausencia humana prolongada transformó un paisaje devastado en un laboratorio natural que desconcierta científicos internacionales.
Tras la explosión del 26 de abril de 1986, autoridades evacuaron más de 100.000 personas y establecieron una extensa zona de exclusión estrictamente controlada.
Con el tiempo, el perímetro alcanzó aproximadamente 2.600 kilómetros cuadrados en territorio de Ucrania, prohibiendo residencia, actividades económicas y acceso público permanente.
Durante décadas, científicos asumieron que la radiación dejaría un desierto biológico duradero, pero casi cuarenta años después la realidad resulta notablemente más compleja y sorprendente.
Un santuario involuntario
Hoy, la zona alberga lobos grises, osos pardos, linces euroasiáticos, alces, jabalíes, ciervos rojos y bisontes europeos, evidenciando un renacimiento ecológico inesperado.
También prosperan caballos de Przewalski reintroducidos en los noventa, con poblaciones estables que deambulan libremente, consolidando la región como refugio para fauna sensible.
Un estudio reciente publicado en Proceedings of the Royal Society B, liderado por Svitlana Kudrenko, ofrece la imagen más detallada de este fenómeno.
Entre 2020 y 2021, investigadores instalaron cámaras trampa en amplias áreas del norte ucraniano, registrando miles de detecciones de múltiples especies silvestres.
Los modelos estadísticos revelaron diversidad, densidad y frecuencia dentro de la zona de exclusión que en reservas gestionadas, destacando la ausencia humana como factor determinante.
Clave ecológica inesperada
Investigaciones previas indican que la distribución de mamíferos no se correlaciona claramente con niveles de radiación, sugiriendo que otros cambios ecológicos pesan significativamente.
Según el biólogo Germán Orizaola, la ecología transformada y la retirada humana explican gran parte del fenómeno observado durante décadas en la región.
La actividad humana desapareció por completo tras el accidente: caza, agricultura e infraestructura colapsaron, permitiendo que ecosistemas se regeneraran sin presión constante de intervención humana.
Adaptaciones y evolución
Algunas especies muestran adaptaciones, como ranas más oscuras por melanina protectora y hongos capaces de prosperar en radiación, indicando respuestas evolutivas al entorno extremo.
En síntesis, Chernóbil no prueba que la radiación sea inofensiva, pero evidencia que la ausencia humana puede favorecer la recuperación de numerosas especies.
Fuente: DW

