Por Néstor Estévez
La crisis del periodismo no es un asunto lejano ni solo de grandes ciudades. También golpea a comunidades concretas, donde cada vez hay menos medios locales fuertes.
Cuando eso pasa, aparecen los llamados desiertos informativos: lugares donde casi nadie investiga lo que hacen las autoridades, cómo se gastan los fondos públicos o qué problemas afectan a la gente común.
En países como la República Dominicana, esto tiene un peso especial. Allí, como en muchas sociedades con desigualdades profundas, contar con información confiable no es un detalle: es una necesidad. Sin ella, crecen la desinformación, la desconfianza y la distancia entre ciudadanos e instituciones.
Un periodismo libre, plural y seguro ayuda a que las personas entiendan su realidad y participen mejor en ella. No solo cuenta noticias; también da herramientas para defender derechos y exigir respuestas.
Por eso, cuidar el periodismo local es cuidar la vida democrática del barrio, del municipio y del país. Apóyalo, léelo y exígele calidad: ahí empieza una ciudadanía más fuerte.

