Este colaborador cuenta una experiencia banileja de fe y esperanza, e invita a descubrir cómo Dios sigue levantando generaciones
Por Anthony Franco
En una generación donde muchos jóvenes luchan contra la ansiedad, la depresión y la pérdida de esperanza, también están surgiendo movimientos de fe que buscan levantar una nueva conciencia espiritual. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa de oración por la juventud en Baní terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en un encuentro que reúne a miles de personas con un mismo propósito: buscar a Dios y renovar la esperanza de toda una generación.
En el año 2019, en medio de una reunión, el administrador de Radio Salvación Internacional, el pastor Héctor Vicenty, me manifestó el deseo de trabajar por la juventud a través de un evento de humillación y consagración a Dios. En un principio, el proyecto se realizaría junto a un grupo de jóvenes evangelistas que posteriormente se desintegró.
Al escuchar la propuesta del pastor Vicenty, decidí sumarme a la visión. Comenzamos a recorrer las calles predicando las buenas nuevas e invitando a las personas al evento Juventud Humillada ante Dios, que en aquella primera ocasión se celebró en la plazoleta del ayuntamiento de Baní.
Aquel día llegaron cerca de 1,500 personas. Juntos adoramos a Dios y vivimos un momento muy especial. Para mí fue aún más desafiante, porque en ese escenario tuve la oportunidad de predicar mi primer sermón ante todas esas personas con tan solo 19 años de edad.
Después de la pandemia
Tres años después, en 2023, luego de la pandemia del COVID-19, atravesaba un momento personal difícil marcado por la ansiedad. En medio del silencio de mi habitación, sentí que Dios hablaba a mi corazón y me confrontaba con una pregunta profunda: ¿qué iba a hacer por la juventud?
Veía cómo muchos jóvenes perdían la vida en accidentes, otros luchaban con depresión y ansiedad, y cómo los sueños de toda una generación parecían estar siendo secuestrados por la desesperanza. Fue en ese momento cuando sentí que Dios me llamaba a asumir el liderazgo y levantarme para transmitir fe y esperanza a esta nueva generación.
Lo más sorprendente fue la convicción que llegó a mi corazón: buscar el lugar más grande de Baní para realizar nuevamente el evento Juventud Humillada ante Dios, sin preocuparme por los recursos, porque Dios enviaría personas desde todos los puntos cardinales y supliría todo lo necesario.
Muchos dudaron que algo así pudiera lograrse. Sin embargo, por la gracia de Dios, el Estadio Luis María Herrera de Baní se llenó completamente. Fue un encuentro marcado por la adoración, la oración y testimonios de sanidad emocional y espiritual.
La misión continuó en 2024. Una vez más, las personas desafiaron incluso los pronósticos meteorológicos, pues un huracán amenazaba con impactar nuestro país. La actividad estaba programada para el 14 de agosto y desde temprano en la mañana el cielo estaba completamente nublado. Muchas personas nos llamaban preguntando si el evento se realizaría o no.
Nuestra respuesta fue siempre la misma: “Lo haremos en el nombre de Jesús”.
Lo más impresionante fue que durante todo el evento no cayó una sola gota de lluvia. Pero justo cuando terminamos la oración final, comenzó a llover intensamente durante casi una hora. Muchos de los presentes hablaron y testificaron sobre lo que consideraron un verdadero milagro.
La más reciente versión
El 2025 tampoco fue la excepción. Una vez más, miles de jóvenes corrieron al estadio para adorar a Dios. Asistieron amigos, personas que no pertenecen a ninguna congregación, empresarios, mujeres, dueños de discotecas e incluso figuras del ámbito político. Todos reunidos con un mismo propósito: buscar a Dios.
Debo ser honesto. A pesar del apoyo de ofrendas voluntarias —ya que el evento es totalmente gratuito— y a pesar de invertir millones de pesos en el montaje, la logística y la publicidad, en una ocasión nos vimos en la necesidad de tomar prestados 8,000 dólares para poder cubrir compromisos financieros. Ese momento nos hizo cuestionarnos si debíamos realizar nuevamente la concentración este año.
Sin embargo, hace apenas unos días, Dios volvió a hablar a mi corazón y me recordó algo fundamental: esto no se trata de mí ni del equipo de producción, sino de Él y de su gracia. Tenemos la certeza de que este año será aún mejor. Porque cuando Dios llama a alguien para una misión, también respalda esa misión. Y en tiempos donde muchos jóvenes pierden la esperanza, la fe sigue levantando generaciones.

