Parece la trama de una mala película de ciencia ficción: bebés humanos sacados del útero de sus madres y criados en cápsulas llenas de líquido.
Sin embargo, eso es exactamente lo que los científicos del Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP), en Pensilvania (EE.UU.), proponen hacer para los bebés con riesgo de parto prematuro extremo.
Están desarrollando lo que denominan un «útero artificial» o, para ser más exactos, entorno extrauterino para el desarrollo del recién nacido (Extend).
El Extend no pretende hacer crecer un feto desde la concepción hasta el nacimiento, lo cual sería imposible aunque así se quisiera. Su objetivo es aumentar la tasa de supervivencia de los bebés extremadamente prematuros, los cuales se enfrentan a una gran cantidad de posibles efectos sobre su salud a lo largo de su vida.
Un embarazo sano normal dura unas 40 semanas y se considera que un bebé ha llegado a su desarrollo a las 37 semanas. Sin embargo, a veces surgen complicaciones en el embarazo que pueden hacer que el bebé tenga que nacer antes de tiempo.
Por suerte, gracias a los enormes avances de la medicina neonatal en las últimas décadas, la mayoría de los bebés prematuros sobreviven y son dados de alta con pocas complicaciones. Los datos más recientes muestran que incluso el 30% de los bebés de 22 semanas de gestación sobreviven si reciben cuidados intensivos.
«Sinceramente, los bebés de 28 semanas e incluso los de 27 semanas están en general muy bien», dice Stephanie Kukora, neonatóloga del Hospital Infantil Mercy de Kansas City.
«Son realmente los bebés nacidos entre las 22 y 23 semanas los que presentan unos resultados tan graves que no estamos seguros de que la calidad de vida que alcanzen sea aceptable».
Riesgos de los prematuros
Los bebés nacidos en la cúspide de la viabilidad se enfrentan a menudo a graves problemas de salud.
Pesan menos de 900 gramos al nacer. Sus órganos críticos, como el corazón, los pulmones, los órganos digestivos y el cerebro aún no se han desarrollado lo suficiente como para mantenerlos con vida sin cuidados médicos intensivos.
Entre las complicaciones a corto plazo más frecuentes está la enterocolitis necrotizante (ECN), una enfermedad grave en la que los tejidos del intestino se inflaman y empiezan a morir.

Los bebés de esta edad también son muy propensos a las infecciones, la sepsis y el shock séptico, un descenso de la tensión arterial potencialmente mortal que puede dañar los pulmones, los riñones, el hígado y otros órganos.
Los problemas a largo plazo que pueden afectar a los bebés extremadamente prematuros incluyen parálisis cerebral, dificultades de aprendizaje de moderadas a graves, problemas de visión y audición, y asma.
¿Cómo ayudarlos?
La idea de los úteros y las placentas artificiales busca que los pulmones no entren en juego.
Actualmente, incluso la misma tecnología diseñada para salvar la vida de los bebés (oxígeno y ventilación) puede dañar sus frágiles pulmones.
«A esa temprana edad gestacional, los pulmones aún se están desarrollando y deberían estar llenos de líquido», afirma George Mychaliska, profesor de Cirugía, Obstetricia y Ginecología del Hospital Infantil C S Mott de la Universidad de Michigan.
«Pero cuando nacen muy prematuros, les colocamos un tubo endotraqueal en la tráquea y les metemos aire y oxígeno a alta tensión y presión en los pulmones. Está bien documentado que eso causa lesiones».
Con el tiempo, las lesiones provocan cicatrices en los pulmones y una afección conocida como displasia broncopulmonar o enfermedad pulmonar crónica. Los niños suelen abandonar el hospital con necesidad de oxígeno a largo plazo y ventilación mecánica para el resto de sus vidas.
La ventilación también puede aumentar el riesgo de ceguera retiniana. Los vasos sanguíneos que alimentan la retina del ojo no están completamente formados hasta cerca del nacimiento.
Demasiado oxígeno puede desencadenar el crecimiento de vasos sanguíneos nuevos y anormales, que a la larga pueden provocar un desprendimiento de retina.

