Ñame morado: el ube filipino escasea

Redacción: Fuente Externa

La fiebre mundial por este tubérculo violeta dispara la demanda y pone en alerta a los agricultores de Filipinas.

Filipinas. – El ñame morado, conocido internacionalmente como ube, se ha convertido en una sensación gastronómica mundial. Su intenso color violeta ha conquistado las redes sociales y despertado el interés de cafeterías, heladerías y reposterías.

Este tubérculo, identificado científicamente como Dioscorea alata, es originario de Filipinas. Su creciente popularidad ha impulsado la demanda internacional y generado largas filas de consumidores interesados en probar productos elaborados con este ingrediente.

Sin embargo, el auge comercial también plantea nuevos desafíos. Los pequeños agricultores filipinos enfrentan dificultades para aumentar la producción y responder a los pedidos del mercado. Además, algunos tienen problemas para comprometerse con un cultivo que requiere nueve meses desde la siembra hasta la cosecha.

Filipinas busca proteger su producción

La expansión del mercado ha despertado preocupación por la posible apropiación de variedades filipinas por parte de productores extranjeros. Ante el temor a la llamada biopiratería, el Gobierno anunció una prohibición a la exportación del tubérculo crudo.

El agricultor y exportador Al Bonifacio, de 59 años, considera fundamental proteger el cultivo nacional. Desde su plantación, ubicada al sur de Manila, advierte sobre los riesgos de no satisfacer la demanda internacional.

«Nuestro mayor temor es que, si no somos capaces de abastecer de ube al mundo, alguien más ocupe nuestro lugar«, señala Bonifacio.

La preocupación aumenta ante la entrada de países como Tailandia y Vietnam al negocio. Por ello, las autoridades filipinas buscan proteger sus variedades y mantener la competitividad de sus productores.

El auge del ube se extiende por Asia

El ñame morado se comercializa en diferentes presentaciones. Puede encontrarse en polvo, extracto, pasta y puré congelado. Su versatilidad permite incorporarlo a cafés, helados, productos de pastelería, cremas para untar e incluso cosméticos.

En Japón, el mercado crece rápidamente después de que el producto ganara popularidad en Corea del Sur. JP Mercado, importador de ube para una heladería de Tokio, atribuye parte de este crecimiento al impacto de las redes sociales.

«Realmente se ha propagado como un incendio forestal», comenta mientras mezcla el polvo violeta con helado. También destaca que sus clientes incluyen desde pequeños establecimientos hasta hoteles de lujo.

La tendencia refleja el creciente interés por ingredientes llamativos y versátiles. El color del ube se ha convertido en uno de sus principales atractivos para los consumidores.

De alimento básico a tendencia gastronómica

El ñame morado forma parte de la alimentación filipina desde hace unos 5.000 años. Tradicionalmente, las familias lo cultivaban en sus jardines y lo hervían para consumirlo como sustituto del arroz cuando escaseaban las provisiones.

Su sabor ligeramente dulce, con notas de nuez y una textura suave, favoreció su incorporación a distintas recetas. Con el tiempo, pasó a formar parte de las celebraciones y se convirtió en un ingrediente habitual de preparaciones como mermeladas y platos con bolas de arroz pegajoso y leche de coco.

Durante esta década, la demanda aumentó dentro de Filipinas. Uno de los momentos decisivos fue la fiebre del pan morado que se extendió durante los periodos más difíciles de la pandemia de COVID-19.

La popularidad continúa creciendo entre los consumidores jóvenes. Kym Trivino, una universitaria filipina, expresó su entusiasmo por el ingrediente mientras bebía una mezcla de ube y matcha en un centro comercial de Manila.

Por su parte, la panadera Diane Bustos explicó que su empresa vende siete variedades de galletas elaboradas con este tubérculo. Según afirmó, el ube ha desplazado al matcha en sus preferencias comerciales y representa un motivo de orgullo para los filipinos.

Nueve meses de cultivo y mayores costos

Pese al entusiasmo de los consumidores, los agricultores enfrentan obstáculos para aprovechar las oportunidades del mercado. Bonifacio señala que muchos pequeños productores carecen de instalaciones adecuadas para almacenar y procesar el tubérculo después de la cosecha.

También tienen dificultades para acceder a financiación y canales de comercialización. Estas limitaciones reducen su capacidad para responder a los pedidos y obtener mayores beneficios de la creciente demanda.

Otro problema es el tiempo necesario para producir el ñame morado. El cultivo requiere al menos nueve meses, un periodo que muchos agricultores consideran demasiado largo para mantener los ingresos familiares.

Por esa razón, algunos prefieren sembrar productos de crecimiento más rápido, como frijoles, calabazas y melón amargo. Estos cultivos permiten obtener ingresos en menos tiempo.

Bonifacio asegura que ha tenido que recorrer distintas regiones de Filipinas para conseguir suficiente materia prima y cumplir sus compromisos de exportación. Esta búsqueda puede duplicar sus costos de abastecimiento.

Producción afectada por los tifones

La disponibilidad de materiales de siembra de calidad también representa un desafío. La especialista agrícola Leonilyn Ladao advierte que Filipinas dispone de tierras para cultivar ube, pero no siempre cuenta con los recursos necesarios para garantizar una producción adecuada.

José Zalde Samson, representante de la Oficina de Industria Vegetal, informó que la producción del año pasado fue de 12.483 toneladas. Según sus datos, se trata del nivel más bajo registrado en cinco años.

Las autoridades atribuyen la caída a los tifones que afectaron importantes regiones productoras del país. No obstante, durante la primera mitad de 2026, la producción aumentó alrededor de un 17 %.

Samson explica que el Gobierno comenzó a promover el cultivo hace apenas dos o tres años, cuando la demanda se disparó. Antes de esta tendencia, el ube ocupaba un mercado de nicho y recibía menos atención que productos de mayor valor comercial, como los plátanos, los mangos y el café.

Ante esta situación, las autoridades estudian medidas para incrementar la oferta. Entre las propuestas figura reducir el ciclo de cultivo de nueve a seis meses, una iniciativa que podría facilitar la participación de más agricultores.

El temor a la biopiratería

La expansión internacional del ube ha llevado a Filipinas a reforzar su preocupación por la protección del producto. El secretario de Agricultura, Francisco Tiu Laurel, afirmó que el país no quiere exportar tubérculos crudos a mercados donde puedan utilizarse variedades filipinas para competir con sus propios productores.

Samson también advirtió que existen indicios de exportaciones encubiertas de estos tubérculos. La preocupación se centra en evitar que otros países aprovechen el material vegetal filipino para desarrollar una industria competidora.

Para Bonifacio, proteger el cultivo es una responsabilidad directa de quienes participan en el sector. El agricultor sostiene que la industria debe preservar sus recursos y responder a las oportunidades comerciales sin perder el control sobre su producción.

Mientras el ube gana espacio en la gastronomía internacional, Filipinas enfrenta el reto de aumentar la oferta, mejorar las condiciones de sus agricultores y proteger sus variedades. El futuro de esta tendencia dependerá, en parte, de la capacidad del país para satisfacer la demanda sin comprometer su posición en el mercado mundial.

Fuente: DW

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