Un estudio revela cómo los entornos laborales dominados por hombres afectan la confianza y el aprendizaje femenino.
Londres.- Cometer errores en el trabajo puede afectar la trayectoria profesional, pero también representa una oportunidad para aprender y mejorar. Sin embargo, la percepción de estas equivocaciones no siempre es igual para hombres y mujeres, especialmente en espacios laborales donde predomina el personal masculino.
Un estudio liderado por la London School of Economics y publicado en la revista Frontiers in Organizational Psychology analizó cómo influye el género en la percepción de los errores laborales. La investigación también examinó si la composición de los equipos modifica la manera en que los empleados afrontan sus equivocaciones.
Los resultados muestran que las mujeres se sienten menos cómodas admitiendo errores cuando trabajan en entornos dominados por hombres, aunque esperan recibir las mismas sanciones formales que sus compañeros ante situaciones equivalentes.
El género influye en la percepción de los errores
Para realizar el análisis, el equipo investigador encuestó a más de 1,400 empleados del sector financiero de Londres. De ese grupo, el 81 % eran mujeres.
Los resultados identificaron dos patrones principales. Ser mujer y trabajar en un entorno dominado por hombres se relacionaron con una percepción más negativa de los errores en el ámbito profesional.
Los hombres mostraron una visión más positiva de las equivocaciones en todas las dimensiones evaluadas. En cambio, las mujeres manifestaron menor comodidad al reconocer sus fallos y menos disposición a considerarlos oportunidades de aprendizaje.
Además, ellas eran más propensas a pensar que podrían recibir un castigo por cometer un error. Estas diferencias se acentuaban a medida que aumentaba la proporción de hombres en el entorno laboral.
Grace Lordan, autora principal del estudio, explicó que las mujeres experimentan mayores dificultades en equipos donde al menos tres cuartas partes de sus integrantes son hombres.
En esos espacios, las mujeres calificaron su comodidad al admitir errores con 5.46 puntos, frente a 5.94 de los hombres, en una escala de siete puntos. Asimismo, su disposición a considerar los errores como oportunidades de aprendizaje alcanzó 4.20 puntos, mientras que la de los hombres fue de 4.54.
Por el contrario, en los entornos con una menor proporción de hombres, las opiniones de las mujeres eran tan positivas como las de sus compañeros o incluso ligeramente mejores. La percepción masculina, en cambio, variaba muy poco según la composición del equipo.
El temor a las consecuencias informales
Uno de los hallazgos más relevantes fue que no se encontraron diferencias de género en las expectativas sobre las sanciones formales. Tanto los hombres como las mujeres esperaban consecuencias similares cuando cometían errores equivalentes.
Esta coincidencia contrasta con las diferencias observadas en la comodidad para reconocer equivocaciones y en la confianza para aprender de ellas. Según la investigación, la brecha se encuentra principalmente en el ámbito psicológico y en la percepción de las posibles consecuencias sociales.
Aunque ambos grupos esperan que las políticas disciplinarias se apliquen por igual, las mujeres pueden sentirse más vulnerables ante los efectos informales de un error. Entre sus preocupaciones figuran el daño a su reputación, los prejuicios sobre su capacidad profesional y la posibilidad de que una equivocación afecte su posición dentro del equipo.
Lordan señaló que las mujeres temen ser percibidas como menos competentes y que sus errores puedan utilizarse en su contra, incluso cuando no exista una sanción oficial.
Esta situación evidencia que la igualdad en las normas disciplinarias no garantiza que todos los empleados se sientan igualmente seguros al reconocer sus fallos. La cultura laboral también influye en la confianza, la comunicación y las oportunidades de aprendizaje.
Cómo pueden actuar las empresas
La investigación advierte que la falta de seguridad psicológica puede perjudicar tanto a las trabajadoras como al conjunto de la organización. Cuando los empleados no se sienten cómodos al reconocer sus equivocaciones, las empresas pueden perder oportunidades para identificar problemas, compartir experiencias y mejorar sus procesos.
Aprender de los errores constituye una base importante para la innovación. Por eso, si las mujeres sienten menos libertad para admitir sus fallos, las organizaciones corren el riesgo de desaprovechar conocimientos y lecciones valiosas.
Para reducir esta brecha, el estudio recomienda que los responsables de los equipos promuevan una cultura de mayor apertura. Una de las medidas propuestas consiste en que los líderes, especialmente los hombres que dirigen grupos predominantemente masculinos, reconozcan sus propios errores y hablen con transparencia sobre lo aprendido.
Esta conducta puede contribuir a normalizar las equivocaciones como parte del desarrollo profesional. También puede ayudar a reducir el temor a ser juzgado y favorecer una comunicación más abierta entre los integrantes de los equipos.
Otra recomendación es crear redes de mentoría y espacios de apoyo donde las mujeres puedan hablar de sus experiencias y errores con confianza. Estos entornos deben facilitar el intercambio de conocimientos sin temor a prejuicios o consecuencias negativas para su reputación.
En definitiva, el estudio plantea que crear una cultura laboral segura y abierta al aprendizaje beneficia tanto a las mujeres como a las empresas. Reconocer los errores sin temor a juicios injustos puede favorecer la confianza, la innovación y el desarrollo profesional de todos los trabajadores.
Fuente: DW

