En octubre pasado, el Ministerio de Salud informó, a través de la Dirección de Inmunoprevenibles por Vacunas (DIV), que el “país cuenta con las dosis necesarias de la vacuna para fiebre amarilla, pero que se ha incrementado la demanda”
Sorprendió la noticia porque ese no es un biológico del que se da muchos detalles, ya que las dosis al año se aplican en ciertas circunstancias, ejemplo, cuando se viaja para algunos países de América del Sur o Centroamérica donde se exigen al viajante que se aplique esa vacuna, a fin de prevenir la enfermedad, acorde a esa necesidad la República Dominicana hace su proyección de compra.
Sin embargo, de septiembre a la fecha, la demanda se ha incrementado de manera exorbitante, y el Ministerio de Salud ha tenido que proceder a comprar más, al tiempo que ha recibido de Panamá y Brasil ofrecimiento para donarle algunas dosis de dicha vacuna, según lo ha explicado el doctor Daniel Rivera,
Al principio se dijo que el aumento en la demanda tenía su origen en los extranjeros, que vienen al país por falta de la vacuna, ejemplo en Venezuela y Haití.
No obstante, la mayoría de los que está solicitando la vacuna, son dominicanos, jóvenes de los estratos sociales y económicos más bajos de nuestros barrios, que movidos por el deseo de “superación” o cualquier otro interés, se aventuran a esa peligrosa travesía que representa el trasiego de inmigrantes indocumentados vía México, pasando por países de Centroamérica, principalmente por Guatemala, desde donde parten miles de personas de distintas nacionalidades para alcanzar el “sueño americano” que para muchos termina en pesadilla.
La voz de alarma, además la han dado los propios aventureros, que se delatan subiendo videos a las redes y donde también cuentan de la inversión económica que va de US 3,500 a US 9 mil dólares y para adquirirlo muchos venden lo poco que tienen, otros incurrirán en alguna “artimañas” claro está, hay categorías de viaje siendo el más caro, el que garantiza mayor seguridad.
“Mejor me hubiera quedado conchando en Sabana Perdida, yo tuve que vender mi motor y todo para venir para acá, llevamos varios días caminando y aún faltan 20 kilómetros para llegar al río; mejor me voy a entregar”, dice uno de los jóvenes de los tantos que cuentan su aventura en redes sociales, mientras se le ve con otros compañeros caminando en lugares inhóspitos, cerca del Río Grande o (Río Bravo) como lo llaman del lado mejicano, por la furia de sus aguas.
Sencillamente, estamos ante un problema de tráfico y trata de personas, que hace años es común en nuestro país, desde los viajes en yolas hacia Puerto Rico, hasta la contracción de mujeres para ser explotadas sexualmente en cualquier país del mundo, por mafias que operan a la luz del día.
Ahora me pregunto…
¿Quién se está lucrando con esta nueva modalidad de tráfico de personas?
¿Qué han dicho las autoridades al respecto?
¿Tendremos ahora que invertir más del pobre presupuesto que se le asigna al Ministerio de Salud Pública, en la compra de una vacuna que no es prioritaria, pero que se ha tenido que aumentar de la adquisición de 5 mil a 18 mil dosis este año?
¿Cuál será la suerte de estos jóvenes, que si bien no serán de los mejores prospectos, pero sí representan un importante segmento de la fuerza laboral del país?
Estas preguntas quedan como tarea a las autoridades y que al momento de pensar en la problemática que representa la migración ilegal, no solo se vea desde el punto de vista de lo que nos afecta a lo interno del país, sino también lo que significa que nuestros nacionales se aventuran a ese tipo de “travesías tan peligrosa”.

