Un estudio científico no supera el azar, pero surgen hallazgos difíciles de ignorar.
Brasil.- Las experiencias extracorporales han sido objeto de estudio durante décadas. Se describen como la sensación de que la conciencia abandona el cuerpo y observa el entorno desde otro punto. Este fenómeno ha generado tanto interés científico como escepticismo.
Un nuevo experimento dirigido por la neurocientífica Marina Weiler, de la División de Estudios Perceptivos de UVA Health, buscó evaluar esta posibilidad bajo condiciones controladas. El objetivo era comprobar si una persona podía percibir información fuera de su alcance sensorial habitual.
Un diseño experimental riguroso
El estudio se llevó a cabo en Brasil con 21 participantes que afirmaban tener experiencia en inducir este tipo de vivencias. El experimento se organizó en tres habitaciones separadas para evitar cualquier tipo de interferencia.
Mientras los voluntarios intentaban inducir la experiencia en una sala, los investigadores permanecían en otra. En una tercera habitación se proyectaba una imagen en un ordenador, con la pantalla orientada hacia la pared para impedir su visualización.
Además, el procedimiento evitó que los propios investigadores conocieran el objetivo visual. La selección fue automatizada y solo se reveló durante la fase de análisis meses después. Este nivel de control buscaba eliminar cualquier sesgo o filtración de información.
De los 21 participantes, 13 ofrecieron descripciones sobre lo que creían haber percibido. Diez afirmaron haber tenido una experiencia extracorporal durante la sesión. Para evaluar la precisión de los relatos, los investigadores utilizaron un modelo de lenguaje que comparó cada descripción con cien imágenes posibles. Estas fueron ordenadas según su nivel de coincidencia semántica.
Los resultados mostraron que las imágenes correctas se ubicaron entre los puestos 16 y 92. Esto indica que las descripciones no superaron el nivel de acierto esperado por azar, lo que descarta evidencia sólida a favor de la percepción extracorporal en este contexto.
El sistema, sin embargo, sí logró identificar correctamente las imágenes cuando recibía descripciones claras. Esto confirmó que la metodología funcionaba adecuadamente cuando existía correspondencia real.
El hallazgo inesperado en otra sala
A pesar de los resultados principales, ocurrió algo no previsto. Dos participantes describieron detalles sobre lo que sucedía en la sala donde estaban los investigadores, un espacio fuera del objetivo del experimento.
En un caso, mencionaron a una persona trabajando en el ordenador a la izquierda y otra leyendo más atrás. En el segundo, indicaron una disposición distinta, con cambios en la posición de quienes tomaban notas y usaban el ordenador.
Al revisar los registros, el equipo confirmó que ambas descripciones coincidían con la disposición real en cada sesión. Estos relatos no formaban parte del protocolo y no fueron evaluados estadísticamente, por lo que no constituyen evidencia concluyente.
Los investigadores recordaron un caso similar en la década de 1960 con Robert Monroe. En ese experimento, Monroe no identificó el objetivo principal, pero describió correctamente la presencia de una persona fuera de la sala. Sin embargo, el científico Charles Tart consideró que el episodio no era suficientemente sólido. Planteó la posibilidad de que la información se obtuviera por medios convencionales durante una pausa.
Esa misma prudencia se mantiene en el estudio actual, publicado en la revista Explore. Los autores subrayan que los hallazgos inesperados deben interpretarse con cautela.
Nuevas preguntas para futuras investigaciones
El equipo plantea que los objetivos utilizados, como imágenes estáticas, podrían no ser lo suficientemente llamativos. Sugieren que elementos más distintivos o emocionalmente relevantes podrían facilitar la percepción o el recuerdo. Entre las propuestas se incluyen detalles ocultos fácilmente identificables, como prendas de colores llamativos.
Para Weiler, la cuestión trasciende los resultados inmediatos. Si futuras investigaciones demostraran la obtención de información sin los sentidos tradicionales, sería necesario revisar conceptos actuales sobre conciencia y percepción.
El debate no se limita a si estas experiencias son reales, sino a cómo definimos la realidad misma. La investigación abre así un campo de preguntas que aún está lejos de resolverse. Esto permitiría comprobar si los participantes pueden describirlos sin haberlos visto previamente.

