Deshidratación puede afectar el corazón seriamente

Redacción: Gerardo Davis
efectos de la deshidratación en el corazón y el sistema cardiovascular

Más allá de la sed, impacta el sistema cardiovascular y eleva riesgos médicos.

República Dominicana. — La deshidratación no solo provoca sed, también puede generar consecuencias relevantes en el sistema cardiovascular. Según el cardiólogo Brodie Marthaler, M.D., del Sistema de Salud de Mayo Clinic en Eau Claire, el corazón sufre una carga adicional cuando el cuerpo carece de líquidos suficientes.

El especialista explica que el corazón funciona como una bomba que requiere un volumen adecuado de sangre para operar correctamente. Cuando disminuye la cantidad de líquido en el organismo, también se reduce el volumen sanguíneo, lo que obliga al corazón a esforzarse más para mantener la circulación en todo el cuerpo.

Ante esta situación, el organismo activa mecanismos de compensación. Los vasos sanguíneos se contraen para sostener la presión arterial, mientras el corazón aumenta su ritmo. Sin embargo, si la deshidratación se agrava, estos mecanismos pueden fallar, afectando órganos vitales como el cerebro, los riñones, el hígado y el sistema digestivo.

Señales de alerta y riesgos

A medida que la deshidratación progresa, pueden aparecer síntomas que deben ser atendidos. Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Latidos cardíacos acelerados o palpitaciones
  • Fatiga persistente
  • Mareos o aturdimiento
  • Cambios en la visión
  • Dificultad para respirar
  • Molestias en el pecho

Estos signos pueden indicar una sobrecarga en el sistema cardiovascular, lo que requiere atención oportuna. En casos más severos, la deshidratación puede desencadenar situaciones críticas como golpes de calor o desmayos, consideradas emergencias médicas.

Poblaciones con mayor vulnerabilidad

Aunque cualquier persona puede deshidratarse, existen grupos con mayor riesgo. Entre ellos destacan los adultos mayores, niños, deportistas y personas que trabajan al aire libre bajo altas temperaturas.

También deben prestar especial atención quienes padecen enfermedades cardíacas o utilizan medicamentos como diuréticos o agonistas de los receptores GLP-1. Estas condiciones pueden limitar la capacidad del organismo para adaptarse a la pérdida de líquidos, incrementando el riesgo de complicaciones.

El doctor Marthaler advierte que las personas con insuficiencia cardíaca tienen menor margen de respuesta ante el estrés que provoca la deshidratación, por lo que deben monitorear cuidadosamente su hidratación diaria.

Cómo prevenir complicaciones

No existe una cantidad universal de agua recomendada, pero la sed suele ser una guía confiable para la mayoría de las personas. Beber líquidos de forma regular durante el día es clave, especialmente antes de realizar actividades físicas o exponerse a ambientes calurosos.

Además de la sed, hay señales que pueden alertar sobre la falta de hidratación. La sequedad en la boca, piel seca, orina oscura o sensación de ardor al orinar son indicadores frecuentes. El color de la orina es una referencia práctica: tonos claros sugieren buena hidratación, mientras los oscuros indican lo contrario.

El agua es la opción principal para hidratarse, pero en casos de deshidratación más avanzada puede ser necesario reponer electrolitos como sodio, potasio y magnesio. Esto puede lograrse mediante alimentos salados o bebidas deportivas en situaciones de esfuerzo prolongado.

Factores que agravan la deshidratación

El consumo de alcohol y bebidas con alto contenido de cafeína puede contribuir a la pérdida de líquidos. Estas sustancias alteran los mecanismos de regulación del organismo y aumentan la eliminación de agua.

Por esta razón, se recomienda priorizar el consumo de agua o bebidas con electrolitos, especialmente en procesos de rehidratación, evitando refrescos o líquidos azucarados.

Clave: anticiparse a la deshidratación

Los expertos coinciden en que la mejor estrategia es la prevención. Incorporar la ingesta de líquidos como parte de la rutina diaria ayuda a mantener el equilibrio del organismo.

Beber pequeñas cantidades de forma constante resulta más efectivo que consumir grandes volúmenes en poco tiempo. Además, es importante planificar con anticipación actividades físicas o laborales en ambientes calurosos y ajustar la intensidad según las condiciones.

Finalmente, conocer el riesgo individual es fundamental. Personas con condiciones médicas o tratamientos específicos deben prestar mayor atención a su hidratación, ya que esto puede marcar la diferencia en la protección de su salud cardiovascular.

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