Han pasado cinco años desde que se actualizó la recomendación médica sobre el uso de aspirina para prevenir infartos e ictus, lo que ha dejado obsoleta la idea de tomar una pequeña dosis diaria de este medicamento para la mayoría de la población. Sin embargo, aún muchas personas desconocen esta actualización y continúan tomando aspirina a diario, creyendo erróneamente que sus beneficios superan los riesgos.
Según una encuesta realizada por el Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvania, casi la mitad de los adultos estadounidenses sigue pensando que los beneficios de la aspirina diaria son mayores que los riesgos, mientras que un 39% no tiene claridad sobre el tema.
El cambio en las directrices médicas se produjo en 2019, cuando el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón publicaron nuevas recomendaciones que desaconsejaban el uso rutinario de aspirina para prevenir enfermedades cardiovasculares, especialmente en personas mayores de 70 años o con alto riesgo de hemorragias. En 2022, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos fue más allá y sugirió que incluso las personas mayores de 60 años deberían evitar la aspirina como medida preventiva.
A pesar de estas actualizaciones, el hábito de tomar aspirina continúa siendo muy común. Aproximadamente 29 millones de personas mayores de 40 años en Estados Unidos toman aspirina sin necesidad de tener problemas cardíacos. Lo más preocupante es que, entre las personas sin antecedentes de enfermedades cardíacas, una gran proporción de mayores de 60 años sigue tomando aspirina mensualmente, lo que indica una resistencia a cambiar viejas prácticas.
La razón detrás de este cambio en las recomendaciones es que, aunque la aspirina puede ayudar a prevenir obstrucciones en las arterias y reducir el riesgo de infartos o ictus, también aumenta el riesgo de hemorragias internas, especialmente en el sistema digestivo. Estos riesgos se vuelven más significativos a medida que las personas envejecen.
Las nuevas directrices son claras: los adultos mayores de 70 años deben evitar el uso preventivo de aspirina, y su uso en personas de entre 40 y 70 años debe evaluarse cuidadosamente según su riesgo cardiovascular y sin que exista un riesgo adicional de hemorragias. En los casos en que se considere útil, solo se recomienda en personas cuyo riesgo cardiovascular sea considerablemente alto.
Es crucial destacar que estas directrices se aplican principalmente a personas sanas que no han tenido antecedentes de infartos o ictus. Para quienes ya han sufrido estos eventos o tienen enfermedades cardiovasculares, las recomendaciones pueden ser diferentes.
Las nuevas guías demuestran cómo la ciencia médica avanza y cómo las recomendaciones deben adaptarse a estos cambios. Según la Dra. Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg, los hábitos establecidos por la sabiduría convencional son difíciles de modificar, pero es fundamental actualizarlos para reflejar la mejor evidencia científica disponible.
Así, la clave para prevenir enfermedades cardiovasculares y otros trastornos relacionados con la salud vascular sigue siendo un estilo de vida saludable, más que el uso indiscriminado de aspirina. Las nuevas directrices advierten que la aspirina no debe usarse rutinariamente en la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares, debido a los riesgos que implica.
Si tomas aspirina regularmente «por si acaso», es el momento de revisar esta práctica con un profesional de la salud. Cada caso es único y requiere una evaluación personalizada para determinar si la aspirina es realmente necesaria o si existen alternativas más seguras y efectivas.

