En La política, los intereses y el arte del engaño, este colaborador concluye indicando dos vías para buscar el bienestar
Por: Antonio Villar
Es fundamental distinguir entre dos dimensiones de la política:
- La política como administración pública, orientada a la gestión del bien común.
- La política como lucha de intereses y tendencias, que busca imponer visiones particulares a través del poder.
Esta última se manifiesta principalmente en la esfera partidaria. Si bien no toda acción partidaria es necesariamente engañosa, es difícil imaginar un escenario político donde no se utilicen la astucia y las estrategias para alcanzar el poder. Especialmente en los sistemas de democracia representativa y parlamentaria, el arte del engaño parece estar profundamente arraigado en la práctica política.
El engaño como estrategia de poder
Para ganar el favor de las mayorías, los políticos crean expectativas que, en muchos casos, saben que no podrán cumplir. La búsqueda del poder suele estar motivada por intereses particulares, lo que da lugar a alianzas transitorias entre grupos que buscan fortalecer sus propias causas. Estas relaciones no están basadas en principios compartidos, sino en un cálculo de costos y beneficios.
La política y la guerra: el arte del engaño
La política encuentra su máxima expresión en la guerra, donde el engaño es una herramienta esencial. En este contexto, el arte de la estrategia consiste en hacer creer al adversario que tiene ventaja donde no la tiene o que no la tiene cuando en realidad sí.
El consenso vs. la lucha de intereses
Todo grupo humano necesita normas y objetivos estratégicos consensuados para sumar esfuerzos de manera efectiva. Sin embargo, cuando la lucha de intereses domina la interacción, el consenso se reemplaza por la competencia de astucia: el más sagaz busca arrastrar a los demás a que sirvan a sus propósitos, aun si esto implica manipulación o engaño. En estos escenarios, los actores políticos forman alianzas temporales para aprovecharse de los demás, sin un compromiso real más allá de su conveniencia.
El bien común como principio rector
El bien común solo puede alcanzarse cuando los líderes comprenden que su beneficio particular está ligado al bienestar general. En este caso, se busca una estrategia de «ganar-ganar», donde el interés individual se articula con el interés colectivo.
Por el contrario, si el beneficio particular se persigue de manera egoísta y desconectada del bien general, se convierte en una acción parasitaria que, a largo plazo, destruye las condiciones necesarias para su propia sostenibilidad.
El rol de los valores en la acción política
Los valores son determinantes en el tipo de acción que emprende cada individuo. Si la visión política está guiada por la convicción de que el bienestar colectivo es la base del bienestar individual, se puede esperar una práctica más ética.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, la lucha partidaria está regida por la utilización de personas y recursos en función de objetivos particulares, sin importar las consecuencias.
El poder y la corrupción
La búsqueda del poder, cuando no está fundamentada en principios éticos, tiende a corromper a quienes la ejercen. En un entorno político donde la corrupción es la norma, quienes buscan actuar con integridad enfrentan el dilema de adaptarse al sistema o ser marginados.
Las estructuras corruptas tienen mecanismos de resistencia y hasta de eliminación de aquellos que representan una amenaza para su continuidad.
La inteligencia colectiva como alternativa
La solución a este problema radica en la organización de quienes comparten una visión de bien común, desarrollando estrategias de inteligencia colectiva que les permitan operar dentro de un entorno hostil sin ser absorbidos por él.
Es la aplicación del principio: «ser mansos como palomas, pero astutos como serpientes». La clave está en construir comunidades con un fuerte espíritu de cuerpo, donde la cooperación sea el principio rector y el liderazgo se base en el servicio.
Dos caminos para buscar el bienestar
En conclusión, existen dos caminos para buscar el bienestar individual:
- La astucia y el engaño, que perpetúan la corrupción y el abuso del poder: camino a convertirse en bestias.
- El compromiso con la construcción de un bien común, donde la felicidad individual solo es posible a través de un accionar colectivo basado en principios y valores compartidos: se podría hablar de espiritualidad.
La elección de uno u otro camino define no solo el destino de los individuos, sino el futuro de la sociedad en su conjunto.

