Esta periodista, diplomada en Criminalística y Psicología criminal, nos advierte sobre peligro por exceso de libertad de expresión.
Como periodista, soy fiel defensora de las libertades, esencialmente la “libertad de expresión” esa que nos permite poder expresar nuestros sentimientos, opiniones y pareceres ante determinados temas
No obstante, incluso como profesional del periodismo entiendo que esa libertad, en algún momento debe tener límites, sobre todo, cuando ésta pone en peligro la seguridad o integridad de las personas.
Con mucho pesar ver como cada vez surgen personas “pseudos” periodistas, pero también egresados de escuelas de periodismos, que tienen canales donde “analizan” y denuncian temas, los cuales no manejan debidamente.
Para poner un ejemplo, el reciente caso y lamentable por demás de la joven Paula Santana Escalante, por cuyo asesinato hay dos personas como sospechosas principales.
El periodismo tiene un rol social innegable y a lo largo del tiempo se ha logrado desvelar infinidad de casos gracias a la labor de los periodistas. Ahora bien, una cosa es que a través de nuestra profesión nos propongamos contribuir a la administración de justicia y otra es que utilicemos el poder de la comunicación para juzgar a personas, adelantarnos a los hechos y muchas veces incluso provocar tragedias.
Entiendo que hay instituciones judiciales y policiales débiles, que en ocasiones no actúan con la celeridad que pretendemos, y aunque soy crítica número 1, también respeto mucho los procesos.
El caso Paula Santana
Respecto al caso en cuestión, he comentado que se debe profundizar las investigaciones, escuchar a los familiares de la joven que sufren en carne viva esa desgracia, pero además los familiares de los acusados que igual pasan por este triste proceso.
Todo el personal de esa empresa, incluido los ejecutivos, deben ser investigados, los detalles mínimos que conlleva una investigación de homicidio, lamentablemente en el país no se utilizan de manera adecuada las herramientas necesarias en estos casos, no hay debida custodia de pruebas, cualquiera tiene acceso antes que los organismos investigativos y de repente tenemos a un grupo de personas, acusando gente y dando detalles sin tener pruebas precisas.
En una investigación criminal hay elementos de valor que son los que determinan la veracidad de los casos: pruebas de ADN, visuales por ejemplo las cámaras que capten momentos precisos, testigos visuales que no siempre son veraces, confesión del crimen, siempre y cuando esta se haya obtenido por vías legales, es decir que la persona no haya sido persuadida mediante tortura u otras artimañas como la amanezca y por supuesto delito flagrante.
Las técnicas de investigación pueden ayudar a esclarecer un caso con mayor precisión. La evidencia física de origen biológico, se puede encontrar normalmente en cualquier escena de delitos contra las personas, o contra la vida: lesiones; homicidios; suicidios; etc.
Exceso de libertad de expresión
Ahora bien, estar sentado frente a unas cámaras y comenzar a hablar de lo que te dicen o comentan terceras personas, dar por hecho todas las opiniones y partiendo de esas premisas acusar, maldecir, descalificar e incluso crear situaciones que pudieran provocar otras tragedias, eso no es periodismo serio y responsable, esto no significa que valore el trabajo de algunos que, aunque no respeten ciertos preceptos éticos” se la juegan y ponen en peligro su vida.
Han surgido en los medios y redes sociales una serie de expertos en criminalística, policías científicos que se conocen todas las técnicas de investigación, así como los métodos y modos prácticos de aclarar las circunstancias de delito y hasta de individualizar a los culpables. Pero no debemos olvidar que la ley reconoce derechos a los imputados, entre estos la presunción de inocencia, mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emita por un juez.
Algunas dudas
El caso de Paula aún me genera muchas dudas, la inseguridad en la empresa, la efectividad de las investigaciones, el acoso laboral, la falta de empatía, la posible complicidad de otros actores, pero ante todo me produce mucho pesar ver como la vida humana importa tan poco en los actuales momentos y muchos se consideran dueños de los demás, mientras otros se creen con el derecho de decir de juzgar a priori, sin contar con resultados de las pruebas que ayuden a esclarecer los hechos.
A veces el “exceso de libertad de expresión” puede representar un peligro: viciar una investigación, contaminar las pruebas, predisponer a la administración de justicia injusta, manipular la percepción de la gente frente a los hechos, entre otras acciones que podrían estar inducidas por la confianza que algunos comunicadores o los denominados “influencer”, generan entre sus seguidores, muchas veces movida por la desconfianza en los organismos que por ley están obligados a garantizar los derechos de las personas.

