A la tercera fue la vencida

Redacción: Por la Línea
cielo

Los sueños han contribuido a lograr importantes avances en la medicina y la química. Pero también los campos de la paleontología y la zoología se vieron beneficiados por la magia reveladora del mundo onírico.

El suizo Louis Agassiz (1807-1873) era considerado la mayor eminencia del mundo en el estudio de los peces, tanto vivos como extintos.

Un día, en 1840, mientras compilaba su voluminosa obra «Poissons Fossiles» -un listado de todos los peces fosilizados que fueron hallados- Agassiz encontró un espécimen en el interior de una piedra.

Trató en vano de entender la estructura del pez pero no tuvo éxito y no se animó a extraer al animal de la piedra, sin entender bien su forma, por temor a destruirlo.

Después de dos semanas de analizarlo infructuosamente, una noche tuvo un sueño en el que se le reveló la forma exacta del pez fosilizado.

Su esposa contó lo que pasó: «Se despertó una noche convencido de que mientras dormía, había visto su pez con todas las características perdidas perfectamente restauradas», reveló Cecile Braun.

«Pero cuando trató de retener la imagen y dibujarla, se le escapó».

Al igual que Loewi, Agassiz tuvo suerte y repitió el mismo sueño la noche siguiente.

Eso tampoco funcionó

La tercera fue la vencida para Agassiz y su pez fosilizado. Los campos de la paleontología y la zoología se han visto beneficiados por la magia reveladora del mundo onírico.

«A la noche siguiente volvió a ver el pez, pero sin un resultado más satisfactorio. Cuando despertó desapareció de su memoria como antes», contó su mujer.

Pero la historia tuvo final feliz porque el inconsciente del experto mantuvo su obsesión y ,esta vez, el suizo estaba preparado.

«En la tercera noche colocó un lápiz y papel al lado de su cama antes de irse a dormir. Hacia la mañana, el pez reapareció en su sueño, confuso al principio, pero al fin con tal claridad que ya no dudó de sus características zoológicas», contó Madame Agassiz.

Con ayuda de este mapa onírico, el paleontólogo pudo recortar la piedra en los lugares exactos para revelar al esquivo pez, que así pudo ingresar a su famoso libro y ser parte de la historia de la ciencia.

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